Sonia no vio la pequeA±a motito hasta que fue demasiado tarde y la golpeA³ con su Volkswagen escarabajo....maldijo por lo bajo, por ser tan apurada y querer ganarle al semA¡foro, debiA³ detenerse al ver la luz amarilla. BajA³ de inmediato del coche a auxiliar a la persona que conducAa la motito, que estaba en el piso...preocupada se cerciorA³ que respiraba y se estaba moviendo.
El bus se detuvo en la estación de pueblo y Anabel se despertó, dando un largo bostezo...maldiciendo a media lengua de nuevo a su jefe, vaya ocurrencias tenía ese hombre...
Cintia...gracias al cielo llegas querida, creo que estoy a punto de volverme loco...
- Por favor Gregorio....A¿cuA¡l es el problema ahora?.
- A¡A¡Lleno de gente mi querida, ese es el problema!!.
- Ese no es un problema...A¿no es lo que queremos, que la GalerAa se llene?.
- Claro que sA, pero necesito tu encanto allA dentro...detesto a las personas.
Los primeros días en el nuevo barrio fueron extraños para Pilar, quién había pasado toda su vida en un apartamento en pleno centro de la ciudad, rodeada de bocinazos, ruidos, música, humo de motores, las conversaciones de las personas que paseaban por allí. Tener ahora esa casita con jardín y un pequeño patio al fondo, en un lugar tan tranquilo, era como un sueño. Al fin que lo que al principio había parecido tan malo, tener que vender el apartamento para pagarle a su hermano la mitad que le correspondía por herencia, había resultado en su beneficio.
No me di cuenta hasta que se lo oA a mis hermanas. Nunca habAa reparado en eso y desde entonces pienso que es lo primero que delata a una mujer y desde niA±a creo que me ha llamado mA¡s la atenciA³n que cualquier otra parte de la fisonomAa de la mujer. Mis hermanas me abrieron la mente y en ese momento entendA que era mujer, una niA±a-mujer y mi futuro podrAa convertirse en un proyecto de curvas.