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Fecha: Domingo, 17 Diciembre 2006 « Anterior | Siguiente » en Grandes Relatos

Casada: De fiel casada a... I

Anonimo
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Capítulo 1: Mujer para dos...en principio
Mi marido, Miguel no me había contado nada hasta justo 24 horas antes de
irse de viaje. el se marchaba un domingo por la mañana y el viernes por
la noche cuando estábamos cenando me pregunto que me perecer a que mientras
el estaba fuera para que no estuviera sola en casa viniera un amigo suyo para
hacerme compañía.

Yo le dije que no hacía falta puesto que yo trabajo por la mañana
y durante la semana vivimos en Madrid y desde 30 kilómetros de Madrid
donde vivimos los fines de semana no era necesario que nadie me acompañara
pero el insistió así que le dije que bueno.


Entonces me dijo que este amigo se mudaría a nuestra casa durante los
dos meses que el estaría fuera y que en ese tiempo me ayudaría
y satisfaría en cuanto yo necesitara.


Yo me quede un poco perpleja pues en mi época de soltera si simultanee
de vez en cuando varias camas al mismo tiempo pero desde que me case nunca lo
había hecho.


Así mismo me indicó que varias veces por semana vendría
una señora a ayudarme en las faenas de la casa y a nivel personal.


Esa noche hicimos el amor como nunca y Miguel me trato de varias formas con
cariño con rudeza como a una mujer experimentada o como a una mujer inexperta,
lo cual me dio que pensar.


Al día siguiente habíamos quedado con este amigo suyo, luego
supe que contactado a través de una revista de esas de contactos, llamado
Javier.


Cuando se presentó en casa me sentí como muy conturbada puesto
que no paraba de observarme de arriba a abajo.


Se mostró muy cariñoso desde el principio.


Era apuesto y atractivo y durante la comida no paro de preguntarme cosas acerca
de mi vida, de mis gustos y de mis relaciones con Miguel.


Estábamos comiendo en la casa de madrid pues mi marido había
trabajado ese sábado por la mañana así que después
de comer decidimos trasladarnos a la casa de la sierra.


Ya en el coche Miguel que conducía nos dijo que nos pusiéramos
los dos atrás pues así podríamos hablar y conocernos mejor
durante el camino.


(Miguel): yo le había dicho a Javier que durante el camino tratara de
hacer algún acercamiento de tipo físico.


(Ana) y la verdad es que me sentí incómoda sentada en la parte
trasera del coche que conducía mi marido con un hombre joven y atractivo
que acababan de presentarme y que sin duda parecía muy interesado por
mi además pensaba que durante los próximos dos meses conviviría
en mi casa casi 12 horas al día« para entonces Miguel tampoco me
había dicho que serían dos hombres los que se alternarían
en "cuidarme".


En el recorrido hasta la casa de campo que tenemos fuera de Madrid Javier trató
de cogerme las manos en dos ocasiones y se sentí muy cerca de mi mientras
a través del retrovisor Miguel controlaba todas nuestras reacciones.


Al llegar a la finca Miguel me dijo que le enseñara el cuarto de invitados
a Javier, mientras el sacaba algunas cosas del coche.


Cuando llegamos a su cuarto Javier me dijo lo encantado que estaba de estar
allí y que trataría de complacerme en todo aunque añadió
que esperaba verse correspondido lo cual me hizo poner colorada, diciéndome
que él entendía mi situación.


Le dejé instalándose y me reuní con Miguel en el salón.


Nos pusimos unas copas mientras esperábamos a Javier y Miguel me dijo
que según se diera la cena tal vez esa noche tuviera que dormir con Javier,
lo cual me dejo atónita.


(Miguel) yo le explique a Ana que cuanto antes empezaran a conocerse mas íntimamente
mejor que era importante que lo hicieran antes de marcharme yo por si la cosa
no funcionaba.


(Ana) ¿y como no iba a funcionar? si Javier estaba buenísimo!
era cariñoso y agradable y además yo ya me estaba poniendo susy.


Al cabo de unos segundos apareció él en el salón recién
duchado con una camiseta ajustada y unos pantalones de tenis que marcaban un
importante volumen en su entrepierna y por su corto tamaño, del pantalón
me refiero, dejaban ver unos poderosos y musculosos muslos.


Antes de seguir diré que mi marido también dispone de un gran
aparato y que en ese sentido nunca he tenido ninguna queja mas bien todo lo
contrario.


Tras su aparición decidí subir yo a cambiarme para ponerme a
tono y dejar a los dos hombres a solas.


(Miguel) Javier me dijo que estaba encantado y que mi mujer estaba mucho mas
buena que en la foto que le había enseñado y que estaba deseando
acostarse con ella a lo que le indique que si jugaba bien sus cartas, podría
pasar toda aquella noche con ella.


Esto le iluminó los ojos aun mas cuando apareció Ana en el salón
vistiendo un sort negro muy ajustado sin duda no llevaba bragas y una blusa
de encaje negro semitransparente que marcaba sus redondeados y bien formados
pechos apenas cubiertos por un sujetador tipo balconette.


(Ana) Me excito ver como me miraban ambos al entrar en el salón. Miguel
sonrió y me guiñó un ojo y ví como Javier me desnudaba
literalmente con la mirada.


"Bueno" les dije "que os parece si jugamos un rato a algo antes
de tomar un café y luego salimos a dar una vuelta por el campo?".


Los dos parecían estar dispuestos a complacerme en todo así que
jugamos un rato a las cartas donde por supuesto gané yo pues Javier bastante
tenía con jugar a poseerme mentalmente, y Miguel con observar las reacciones
de este.


Tras el café hablamos de muchas cosas y llegó la hora de salir
a dar una vuelta. Justo antes de hacerlo Miguel se disculpó unos minutos
para ponerse algo mas cómodo por lo cual nos quedamos Javier y yo a solas
en el salón.


Nada mas marcharse Miguel, Javier se me acercó y me dijo que estaba
estupenda y que se moría de ganas de acariciarme y besarme a lo que yo
me hice la estrecha en principio diciéndole que ya tendríamos
tiempo de conocernos mas íntimamente cuando se marchara Miguel a lo cual
me contestó que no sabía si podría esperar.


Seguimos charlando mientras cogía mis manos y no nos percatamos de la
llegada de Miguel que parecía satisfecho de nuestro comportamiento y
que nos dijo como si tal cosa que cuando quisiéramos podíamos
irnos.


Salimos los tres a dar un paseo por los jardines de la finca ya al atardecer
yo llevaba agarrado por la cintura a Miguel este me llevaba cogida por el hombro
mientras a mi izquierda, Javier, al principio se distanció un poco pero,
recorridos unos metros se acercó y disimuladamente comenzó a acariciarme
el muslo izquierdo y la nalga de ese lado.


Me sentía halagada y en la gloria pero un poco turbada: dos hombres
dispuestos a hacerme el amor en cuanto se lo pidiera, allí mismo si era
preciso, y uno de ellos para mí un perfecto desconocido hasta hacía
apenas una horas y que me estaba cortejando en las propias barbas de mi marido,
sin duda algo que quisieran muchas mujeres.


Regresamos a la casa y dije de ir a preparar la cena lo cual significó
una buena excusa para que ellos dos volvieran a quedarse a solas.


Javier subió a ponerse algo y entonces le dije a Miguel las caricias
que él me había hecho a lo cual mi marido contestó que
se había dado cuenta y le parecía perfecto.


Volvió Javier y yo me marche a la cocina.


(Miguel) hablamos Javier y yo de cosas relacionadas con aquella situación
y le indique que durante la cena le daría a los dos unos sobres cerrados
en los que les explicaba la norma básica de convivencia en mi ausencia.
luego dije que se pusiera un whisky pues yo tenía que subir a mi despacho
a resolver unos asuntos antes de marcharme.


(Ana) No se lo que hablarían los dos durante ese tiempo unos 20 minutos
en que yo no estuve en el salón pero pasada media hora Javier vino a
la cocina con el pretexto de ayudarme a algo.


Le dije que no hacía falta y tras hablar de diversos temas estaba yo
frente al horno cuando le noté detrás de mí.


Apenas tuve tiempo de reaccionar cuando noté sus dos poderosas manos
que agarraron con fuerza primero, luego mas suavemente, por debajo de mis brazos,
mis pechos que de paso diré que son de un buen tamaño aunque no
exagerados y que desde muy joven causaban admiración y deseo en los hombres.


Con esta maniobra aparte de llenar sus manos a placer con ellos, evitaba que
yo bajara los brazos para un posible, inimaginable por mi parte, gesto de defensa.


Traté de volverme pero él empujándome suavemente sobre
el fogón lo impidió mientras me murmuraba al oído:


"Voy a poseerte aquí y ahora...", decía mientras trataba
de quitarme la blusa con habilidad, " y te pienso follar en este mismo
instante".


"Por favor", le suplique sin mucho entusiasmo, "déjame
que puede venir Miguel"


"Y qué", respondí vehemente," así verá
como te follo y lo bien que lo hago..."


Hice unos iniciales intentos de zafarme pero tampoco estaba por la labor de
perder aquella sensación: follada en la cocina, "contra mi voluntad",
es un decir y con mi marido a tan solo unos metros de allí. además
su firme forma de sujetarme me impedía cualquier movimiento que no fuera
retorcer mi culo brindándole aun una mayor abertura del mismo, mientras
con sus rodillas, separaba mis muslos con increíble habilidad y firmeza,
haciéndome sentir entre las nalgas, un enorme bulto que luchaba por salir
de su opresión.


Con calma, y una pasmosa habilidad, mientras me empujaba contra el fogón
y apretaba mis tetas con una sola mano, ya introducida en mi blusa, fue bajándose
la cremallera del chandal que se había puesto bajo el cual, según
comprobé después, llevaba un minúsculo tanga, del que rápidamente
salió una enorme verga que, mientras con la misma mano el desabrochaba
mi short y me lo bajaba hasta los pies, busco ávidamente los orificios
de mi cuerpo.


Pero mi sorpresa fue aun mayor cuando pasando por el orificio de mi culo llegando
hasta mi coño, notando yo entre mis húmedos muslos y enredada
en el vello de mi pubis aquel vástago de placer, de pronto su ya durísima
polla volvió atrás y empezó a horadar mi pequeño
esfínter anal.


Traté de protestar pero él me tapó la boca con una mano
mientras con la otra me hacía separar las piernas mientras me decía
al oído:


"Escucha bonita, primero te daré por el culo... te han enculado
alguna vez?", me preguntó, a lo que con un movimiento de cabeza,
pues tenía tapada la boca con su mano, traté de contestarle que
mi marido un par de veces... algo que quizá no comprendió, puesto
que me contesto:


"Pues ahora sabrás lo que es bueno..." dijo mientras parte
de su duro miembro se introducía con gran dolor por mi parte, entre mis
nalgas... "en los próximos meses..." me dijo al oído
mientras iba horadando como un autentico barreno mi virginal trasero, "al
menos una vez al día te encularé... hasta dejarte tu lindo culito
preparado para admitir cualquier tamaño de polla..."


"Primero quiero entrarte por detrás" me decía mientras
seguía envistiéndome con fuerza y yo me notaba totalmente empalada
por aquel duro aparato, "puesto que metertela por el coño merecerá
otro momento y otra preparación."


Lo que sin duda no sabía era, que efectivamente iba a preparar una excelente
culera, puesto que no sería el único en utilizar mi vía
trasera.


Mientras tanto y con un fuerte dolor por mi parte su enorme y dura polla fue
abriéndose paso a través de mi culo y conforme los envites se
hacían más rítmicos y seguidos la mezcla de dolor y placer
eran indefinibles haciéndome gemir no se bien si por una cosa o por la
otra.


Cuando estaba a punto de llegar me inclinó aún más sobre
el fogón, aplastando mis ya desnudos pechos sobre el frío mármol,
y de un potente empellón me alojó sus casi 20 cm de carne, hasta
los cojones que noté golpear entre mis muslos, en mi pobre agujero, haciéndolo
estremecer con la enorme descarga de aquella poderosa manguera.


Mientras tanto como sabría después Miguel estuvo asistiendo desde
la puerta de la cocina a mi primera sodomización postmatrimonial.


(Miguel) Era una imagen sorprendente y al tiempo excitante, ver a aquel hombre
inclinado sobre la espalda de mi mujer, con los pantalones bajados, bombeando,
con un rítmico golpe de riñones adelante y atrás, que hacía
pensar en un completo y perfecto efecto mete-saca, embistiendo golpeando frenéticamente
una y otra vez la nalgas de mi esposa, que inclinada sobre el fogón y
casi desnuda, ofrecida entre gemidos totalmente, entregaba su tentadora y lasciva
retaguardia a aquel hombre, que la hacia suya sin miramientos ni contemplaciones,
penetrándola salvajemente.


Yo no sabía que la estaba enculando pues me enteraría después
en palabras del propio Javier.


Antes de que se dieran cuenta de mi furtiva presencia y disfrute, abandoné
la cocina y me dirigí al salón donde me serví una copa.


Aun estaba repasando, mentalmente, aquellas lúdicas imágenes,
que recomiendo a aquellos maridos que quieran sentir emociones fuertes, mientras
saboreaba un whisky, cuando apareció Javier con gesto de satisfacción,
y después de lo que yo había visto no era para menos.


Se sentó frente a mi y me dijo: "Acabo de dar por el mismísimo
culo a tu mujer en la cocina."


Se me quedó mirando esperando mi reacción a lo que yo conteste:


"¡Ah la estabas enculando, creí que te la estabas tirando,
pero estilo perro".


A lo que el me respondió:


"No, eso será mas tarde."


Me interesé por la experiencia y el me contó lo excitante y sensacional
que había sido.


Unos minutos después entró mi mujer con cara de un cierto cargo
de conciencia.


Momento en el que Javier se levantó y haciéndole un gesto de
complicidad salió del salón con el pretexto de ir al servicio.


(Ana) Tras la experiencia vivida en la cocina Javier se marchó sin decirme
nada ni un gesto... nada, con lo cual me sentí como una perra follada
y abandonada, a la espera de que otro perro se me chingara por detrás


Tardé unos minutos en reaccionar. después me recompuse y traté
de seguir haciendo la cena pero era imposible, no podía apartar de mi
la excitante sensación que acababa de vivir y aun notaba el dolor en
mi culo y su cálido semen en el interior del mismo.


Decidí volver al salón y proponer salir fuera a cenar.


Cuando entré en el salón los dos hablaban animádamente
imagino que de mí, y se quedaron en silencio al verme entrar.


Javier me miró con cara de complicidad y Miguel me observaba como tratando
de adivinar mis sensaciones. yo no sabía que estaba al corriente de lo
ocurrido en la cocina.


Entonces se levantó y salió.


Yo fui incapaz de decirle nada a mi marido, lo cual imagino sería parte
del juego que estábamos empezando a practicar. además tampoco
tuve mucho tiempo pues Javier volvió a entrar y se sentó displicente
en el sillón.


Me senté en el brazo del sillón justo al lado de Javier y les
sugerí el salir a cenar al pueblo a lo que los dos accedieron.


"Bien voy a vestirme" les dije levantándome y notando como
fugazmente Javier me manoseaba el muslo hasta la nalga.


Sabiendo las pasiones que estaba levantando salí lentamente.


(Miguel) Fuimos a cenar a un restaurante de carretera bastante escondido a
unos kilómetros por una carretera comarcal de nuestra finca. para la
ocasión a Javier le dejé un smokin ya que aun no se había
traído ropa suficiente y yo me puse también de etiqueta.


Ana nos sorprendió con un traje de seda azul muy ajustado y escotado
bajo el cual se había puesto ropa interior de encaje negra y su correspondiente
liguero con medias también negras. estaba preciosa.


En el coche en el trayecto de ida ella vino delante conmigo mientras Javier
se colocaba justo en el asiento trasero tras el de Ana.


(Ana) Ya durante el corto trayecto de ida Javier no dejó de meterme
mano por los muslos y el pecho desde el asiento de atrás discretamente
por el lado próximo a la puerta aunque creo que Miguel era consciente
de ello y le gustaba.


Al llegar al restaurante había gente de todo tipo pero llamamos la atención
por nuestro atuendo de fiesta y más de uno rumoreaba debido a las atenciones
que me prestaban Miguel y Javier sobre nuestra relación lo cual me puso
muy susy y a ellos les llenó de orgullo.


Fue una cena tranquila en la que hablamos de muchos temas y en la que ambos
pero sobre todo Javier no pararon de meterme mano por debajo de la mesa en cuanto
podían.


Bebimos bastante y al terminar Javier sugirió ir a tomar una copa a
un local de un pueblo cercano a unos 40 kilómetros ofreciéndose
a conducir a lo que Miguel se negó argumentando que no le gustaba dejar
a nadie el coche.


Bromeó:" Ni el coche, ni la pluma... ni la mujer... " dudó
un instante, nos miró y sonrió..." con lo último no
estoy de acuerdo y aquí esta la prueba..."


Al salir del restaurante y ante las miradas expectantes de los presentes ambos
me enlazaron por la cintura mientras yo hacía lo propio.


Cuando llegamos al coche Miguel me indicó que me sentara detrás
con Javier con lo cual imaginé que en esos 40 kilómetros algo
tendría que suceder.


Al principio hablamos de coches de velocidad y otras cosas. en un momento determinado
Miguel se colocó en el carril de la izquierda de la autopista y comenzó
a acelerar a fondo casi en ese mismo instante noté la mano de Javier
deslizándose por debajo de mi falda hasta alcanzar mi húmedo clítoris
que tras apartar delicadamente mis bragas comenzó a masajear.


Casi simultúneamente me atrajo con el otro brazo hacia el y me empezó
a besar en el cuello y la oreja deslizándose por mis mejillas hasta mi
boca.


Yo me resistí un poco mientras observaba la mirada al frente impreterrita
de Miguel mientras rodábamos a 130 o más kilómetros por
hora.


En pocos minutos la cosa se desató.


Javier estaba bajando la cremallera trasera de mi vestido mientras yo hacia
lo propio con la de su pantalón.


Me bajó el vestido hasta quitármelo del todo dejándome
en ropa interior y después el se desprendió del pantalón
y los calzoncillos.


Me reclino sobre el asiento hacia atrás y comenzó a acariciarme
los pechos a través del sujetador de encaje hasta sacar una de mis tetas
que comenzó a chupar desde el pezón con fruición con la
otra mano magreaba ya sin consideración mi otra teta mientras subiendo
por mi cuello besaba mi barbilla y mi boca.


Yo estaba alucinada me estaban metiendo mano en el coche de mi marido mientras
el conducía como si tal cosa a 160 por la autopista.


La sensación era de frenesí.


De pronto Javier colocó una de sus manos en mi nuca y suavemente me
fue inclinando hacia su entrepierna donde como el asta de una bandera su polla
se alzaba dura y fuerte.


Mis labios se entreabrieron engullendo aquel vástago de carne y músculo,
que me llenó la boca hasta la garganta.


(Miguel) A juzgar por los jadeos y susurros detrás de mi se lo debían
estar pasando de miedo. yo miraba de vez en cuando por el retrovisor pero en
la obscuridad no ve a nada. era una sensación difícil de describir:
pisando el acelerador a mas de 140 mientras un tipo se estaba tirando a mi mujer
en el asiento de atrás.


(Ana) Tras unos momentos en los que pensé que me asfixiaría con
aquella estaca dentro de mi boca Javier me retiró suavemente la cabeza
de sus cojones y me sentó encima de el dándole la espalda y mirando
al frente me acomodó de la forma adecuada y me hizo sentarme de repente
sobre aquel tieso palo que me perforo el coño de abajo arriba como un
ariete mientras una corriente eléctrica recorría las paredes de
mi vagina y el placer me hacía perder la visión.


Al principio lentamente luego con un ritmo mas vivo empezó a moverme
hacia arriba y hacia abajo mientras yo notaba como su polla entraba y salía
de mi coño que estaba chorreado. Fueron unos minutos en los que logre
correrme tres o cuatro veces mientras el me decía cosas como zorra o
puta y yo le gritaba que era un chulo putas y un cabrón pero que me estaba
jodiendo de maravilla.


(Miguel): De pronto un grito de placer de Ana me sobresaltó casi inmediatamente
empezó a gemir como una loca mientras Javier la llamaba puta, zorra miré
por el retrovisor y vi a mi mujer como subía y bajaba en una clara muestra
de que Javier se la estaba follando sentada mientras sus pechos bailaban una
delirante danza arriba y abajo, arriba y abajo...


Ella le gritaba también y le pedía que la jodiera más
y más.


Se corrieron varias veces hasta que escuché como Javier gemía
de puro éxtasis quizá corriéndose también de forma
bestial.


Nos acercábamos ya al lugar donde tomaríamos la copa por lo cual
les indiqué que volvieran a vestirse que ya tendrían tiempo de
sobra para volver a follar.


(Ana): Tras unos minutos magníficos Javier también se corrió
y cuando estábamos intentándolo de nuevo Miguel, mirándonos
por el retrovisor nos indicó que estábamos a punto de llegar y
que nos vistiéramos, que ya tendríamos tiempo de follar mas adelante.


Al bajar del coche me quedé alucinada cuando al salir del mismo Miguel,
mi marido, apareció con una gorra puesta tipo chofer y comenzó
a llamarnos "los señores primero me sorprendí luego me hizo
gracia y Javier se quedó unos segundos parado pero ante un gesto de Miguel
y un tirón mío siguió la broma diciéndole: "Gracias
Miguel estaremos unos minutos dentro tomando unas copas, y morreandonos un poco,
espérenos aquí",


"Claro señor", contestó mi marido y se quedo apoyado
en el coche.


El portero del local no nos perdía de vista y miraba con avidez mi escotado
vestido, sin duda deseando meterse dentro de el...y de mí.


Javier me cogió por la cintura y mientras me besaba apasionadamente
en la boca me llevó casi en voladas al interior del local.


Era una especie de club de carretera, de esos de putas, a media luz aunque
muy elegantemente puesto.


El metre al vernos entrar sonrió y se dirigió a Javier:


"buenas noches señor,¿la mesa de siempre?" a lo que
Javier contesto que si.


Nos llevó hacia un rincón bastante obscuro del local donde pocos
segundos después un camarero trajo una botella de champan.


Poco después ví como Miguel sin que Javier se diera cuenta entraba
en el local y se colocaba en una mesa detrás de nosotros.


"Así que la mesa de siempre?, le solté a Javier mientras
nos sentábamos, "con quien vienes tu aquí habitualmente?"


"Con putas como tu, zorruna!", me contestó mientras se disponía
a gozar de mi.


"Pero...",intenté protestar.."el metre me tomara por
una furcia y...".."


"Acaso no lo eres?", me dijo mirándome con picardía...


"Esta bien," reconocí sentándome con descaro cruzando
las piernas de forma que el camarero próximo pudiera ver mis muslos,
"así es como se hace?", le increpe a Javier que rió
divertido.


Distrajo mi atención la mano de Javier que comenzaba una nueva excursión
por mi entrepierna que por cierto se había dejado las bragas en el coche
por lo cual sus dedos sin impedimentos empezaron a explorar mi gruta una vez
mas.


En pocos minutos tenía la falda subida hasta el ombligo y Javier acariciaba
mi coño con las dos manos mientras llevaba una de las mías hasta
su polla atrapada en el pantalón y me susurraba al oído que se
la sacara.


Le miré sorprendida y me hizo un gesto afirmativo con la cabeza.


Miré a mi alrededor y la verdad es que lo poco que se veía no
permitía hacerse idea de lo que estaba ocurriendo en las otras mesas
así que le baje la cremallera y saqué su nuevamente erguido instrumento.


El seguía susurrandome al oído, lindezas como ¡puta te
la voy a meter aquí mismo!, zorra mamámela bien, y cosas por el
estilo, lo cual me ponía a mi a cien mientras yo chupaba lamía
y succionaba su enorme polla hasta que empezó a convulsionarse y un salado
liquido tibio inundó mi boca.


A punto de atragantarme el me decía: ¡Trágate mi leche!...¡trágatela
toda!... ¡no desperdicies ni una gota!...


Yo la verdad es que nunca me había tragado el líquido seminal
pues cuando se la chupo a Miguel o al menos hasta aquel día, nunca me
lo tragaba, no podía. pero no se que estaba ocurriendo que tras el primer
bombeo en mi boca aquella calida y pastosa leche me supo divina y me tragué
hasta la última gota.


Después el me masturbó varias veces haciéndome llegar
tres o cuatro veces, tras lo cual y después de tomar unas copas de champan
salimos del local.


No se cuando salió Miguel del club, lo que se es que cuando llegamos
al coche estaba con su gorra puesta diligente. abrió la puerta trasera
y antes de hacerme pasar me cogió por la cintura y me plantó un
beso retorcido que sorprendió no sólo a Javier sino al portero
del club que se quedo alucinado.


Se metió dentro del coche conmigo y bajando la ventanilla le tiro las
llaves a Javier mientras le gritaba: ¡ahora conduce u.d.« señor,
pues a esta zorrona me la voy a tirar yo!...


El portero del club no daba crédito a sus oídos y a sus ojos
cuando Javier se puso al volante y arrancamos en dirección a casa a toda
velocidad.


Por supuesto que en el trayecto de vuelta Miguel me folló como nunca
dándose el caso de que jamás lo habíamos hecho en un coche,
y yo en unas horas lo había hecho...¡dos veces!...


Sin duda para mi aquel fin de semana sería inolvidable.


Al llegar a casa Miguel nos reunió en el salón para darnos el
sobre que nos había prometido.


Al abrirlo me di cuenta de que los próximos dos meses iba a ser un objeto
de uso sexual, algo novedoso para mí, pero la experiencia por lo vivido
en las últimas horas, prometía ser excitante por lo cual no me
importaba, más bien lo contrario: estaba abierta, de piernas y nalgas,
a lo o los que vinieran.


En el papel Miguel me pedía que diera rienda suelta a mis instintos
en cada momento y estuviera donde estuviera y que debía someterme a las
normas de la casa que eran básicamente que cada vez que un macho presente
quisiera follarme o encularme no solo debía dejarme hacer sino que debía
darles el máximo placer posible además de disfrutar al máximo.


De igual forma me indicaba que cuando llegara la "señora o ama
de llaves como el decía yo pasaría a ser la criada de la casa
y por lo tanto debía obediencia absoluta, pasara lo que pasara.


Dicho esto Miguel me ordenó desnudarme totalmente en medio del salón
en presencia de Javier lo cual a pesar de todo lo vivido me ruborizó
y me hizo sentirme avergonzada.


"Aquí te la entrego para que la goces y la disfrutes sin límite,
hazla gozar pero también sufrir, pues el placer con el sufrimiento es
mucho mas excitante", y dirigiéndose a mi me dijo" y tú
sométete a el en todos sus caprichos, deberás obedecerle sea cual
sea lo que te ordene y estarás dispuesta siempre a hacerle gozar a el
y a quien el te ofrezca".


Después le dijo a Javier que me cogiera en brazos y me llevara a su
dormitorio.


Este no lo dudo ni un minuto y rodeándome con sus fuertes brazos me
levantó en volandas y se dirigió hacia la escalera, Miguel se
acercó y me besó en la boca, "disfruta y goza el placer",
tras lo cual desapareció en dirección al cuarto de estar.


Javier mientras subíamos por la escalera comenzó a besarme y
me decía al oído como me iba a follar que me jodería durante
toda la noche, y cosas por el estilo.


Efectivamente durante unas horas fuí un auténtico juguete en
sus manos me follo un par de veces y me dió por culo otras tantas en
un derroche de energía que me alucinó.


Nos quedamos dormidos.











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