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Fecha: Domingo, 17 Diciembre 2006 « Anterior | Siguiente » en Sadomaso

La sorpresa: La sorpresa

Anonimo
Accesos: 1804
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Pagina 1 de 1
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La llamada me dejA³ intranquilo, "Querido, cuando llegues a casa. prepA¡rate para una sorpresa", me dijo.


Aunque ya estaba bastante acostumbrado a sus "sorpresas", nunca dejaban de inquietarme.



Continué trabajando hasta tarde y cuando deje la oficina ya me había
olvidado del tema. Casi antes de llegar, lo recordé, me detuve en un
puesto de flores y elegí un ramo de rosas muy rojas. Luego en un market
y me lleve un buen Chardonnay y muy contento conmigo mismo, seguí camino
a casa.

Al llegar, abrí sigilosamente la puerta, mire en el living: nadie. Muy
despacio seguí a la cocina: vacía y a oscuras. Puse el Chardonnay
a enfriar. Revise toda la casa y no estaba. Desilusionado volví a la
cocina prendí la luz y entonces vi la nota:




- He salido. Quiero que me esperes en el sótano, desnudo y con los ojos
vendados. A las 10 en punto. – firmado . ¡Yo!




- ¡Pues mira con la Señora! – me dije – bien, veamos
que me tiene preparado.




Me tome mi tiempo, faltaba una hora. Me prepare lentamente, tome una cerveza,
y cuando se acercaban las 22, baje al sótano y cumplí con su
pedido. Me desnude, me puse el pañuelo vendando mis ojos y así en
total oscuridad, me senté en una silla a esperar. Sentí ruido
en la cerradura y sonido de pasos arriba. Los tacos iban y venían
y mi inquietud comenzaba a crecer, se tardaba demasiado. Pasaron largos minutos,
hasta que finalmente los tacos dejaron de escucharse. Pero aun así,
no bajaba. Un roce de manos en mi rostro me sobresalto, ni cuenta me había
dado de su presencia ... claro, estaba descalza.




Willy


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Llegue a casa, poco antes de las 10 de la noche, estaba muy nerviosa, no sabia
si él había llegado, pero ambos nos conocíamos muy bien,
y seguramente estaría esperando en el sótano, nuestro refugio.
Aunque no se por que se me ocurrió decirle que bajara al sótano,
ya que estábamos solos ese fin de semana, debe ser por que hacía
mucho que no bajábamos, lo que me hacia añorar aquel lugar, mudo
testigo de nuestras fantasías hechas realidad, de nuestro amor, y por
sobre todo, nuestro secreto, la afición por el spanking.




Me aligeré de ropas, baje con algo muy sensual, muy seductor, esperando
que le gustara, lo había comprado esa tarde, pensando en su cara al
verme.




Baje muy despacio, descalza, y tratando de no hacer ningún ruido, abrí la
puerta que daba al sótano, me quedé allí un rato para
acostumbrar la vista a la semi oscuridad, ya que llevaba una vela encendida,
para no tropezar, me acerque a la mesa, puse en lugar seguro la vela, me acerque
a él, que se notaba muy intranquilo por la espera, es tan impaciente
este hombre mío, si solo debían ser las 22,4 minutos.




Toque muy despacio y suave su cara, se sobresaltó, realmente no había
hecho ruido alguno, me acerqué lentamente y le besé, un beso
tierno, dulce, que me devolvió de inmediato, toqué su pecho,
acaricié muy lentamente su vellos, sus hombros, luego me fui con las
manos a su espalda, a la vez que me sentaba sobre el a horcajadas, le volví a
besar, un beso ya mas apasionado, me abrazó, le abracé con fuerza,
como si la vida se me fuera en ese beso y ese abrazo, que sensación
sentía, siempre como si fuera la primera vez, siempre con la misma adrenalina,
siempre esa electricidad que me traspasa hasta los huesos.




Sentí de inmediato su erección, y seguramente él mi humedad,
cuando creí que era suficiente, le destape los ojos, y le miré,
sus ojos estaban desorbitados, cuando me vio, cuanta pasión salía
de su mirada, le besé nuevamente, sin embargo, comencé a sentirme
nerviosa, ya que debía confesarle algo, me había portado mal,
muy mal, y necesitaba decirlo, a él no le oculto nada, jamás.




Terminé el beso nervioso ya al final, cosa que el noto, me tomo por
los hombros, me separó un poco de el y me dijo, que te pasa, ¿no
será que tienes algo que decirme?, ¿no será que te has
portado mal?




Bajé la mirada, hasta la cabeza bajé, se me hizo un nudo en la
garganta, no me salía la voz.





Bueno - me dijo con un tono suave, pero firme a la vez- responde, ¿que
pasa.?




Comenzó a impacientarse, pues ahora ya estaba dictando sentencia, dijo "dime
que pasa, o voy a tener que nalguearte para que me digas"




Respondí con la voz que ni me salía: amor si te digo... igual
lo vas a hacer.




Entonces no me equivoco, hiciste algo malo, pues dilo de inmediato o el castigo
será peor.




Comencé por bajarme de sus piernas, volví a besarlo, comencé a
acariciarlo, pero el ya sabia mis jueguitos, me soltó y volvió a
preguntar, por última vez o me dices o hago que me lo digas.




Rommy


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Cuando se me acostumbró la vista a la penumbra, pude verla, con la
lencería nueva estaba hermosa y super sexy. Daban ganas de comérsela
toda. Pero me sobrepuse al impulso. Además, tenerla a horcajadas, ya
me había puesto a mil, a eso se sumaban los besitos, mimos, caricias
y sentir su humedad, y para completar la escena, me estaba confesando una travesura.
Más no se podía pedir!




- Vamos nena – dime de una vez – cuanto más tardes peor.




- Es que yo ... yo ... sabes que te amo ¿no?




- Si, amor, lo se y yo también, muchísimo, pero eso no tiene
nada que ver. Vamos, que se me acaba la paciencia!




Se puso roja por un segundo y luego pálida de inmediato.




- Bueno mi niña, se me acabo la paciencia – dije subiendo un poco
la voz - Se me va ya mismo al rincón y se queda allí sin moverse
hasta que yo le diga. Y guay con moverse.




Me miró por un momento como si no entendiera. Luego se levanto como
un resorte, y cabeza gacha fue a ubicarse. Dejé transcurrir unos 15
minutos, pero la observaba, cargaba el peso en una pierna, luego en la otra,
sabía que quería mirarme, pero no lo hacía por no dar
el brazo a torcer. Finalmente, tomé el paddle que estaba colgado en
la pared y la llamé.




- Rommy, veni aquí –




Giró, me miró, y amagó venir, pero se quedó donde
estaba.




- Creo que mejor me quedo aquí – dijo con una sonrisa.




- Y yo creo que mejor es que vengas prontito – dije frunciendo el ceño.




- Mmm , no amor, mejor me quedo, estoy bien en el rincón




- Pues yo creo que mejor vienes ya ... si debo ir a buscarte será peor!




- Nooo... no te molestes en venir .... – pero al ver que me levantaba
de la silla, bastante enojado, no terminó la frase, y se agazapo como
gato, lista para saltar.




- Por última vez, ven aquí ... YA ! – No se si fue el tono
o que se asustó pero se dirigió hacia mi, volví a sentarme
y cuando estuvo a mi lado, la tome del brazo y sin muchos miramientos, la tumbe
en mis rodillas.




- Ahora verás cómo es cuando me enojo de verdad. –

Sin más tramite le di dos bastante fuerte con el paddle, Se le escapó un
gemido (cosa rara) que me hizo ver que dolió. Bueno, esta vez se lo
buscó.




- Ahora me vas a decir o no me vas a decir? – le pregunte.




- Hum ...– dijo




- ¿Hum? ¿hum? – bueno, cinco fuertes y seguidos la hicieron
dar un respingo.




- Es que ... yo .. auch ... sabes ... ay ... - Mientras intentaba una excusa,
interpuso su mano libre entre la paleta y su cola, pero sujetándola
con mi otra mano la inmovilice a su espalda.




- No te escucho ... y sigo esperando – cinco paletazos mas cayeron rápidos
y sonoros. Sin ser uno de mis elementos favoritos, debo reconocer que el sonido
es muy simpático y especial.




- Dime de una vez Rommy! – dije terminante - o te va a quedar el trasero
más rojo que nunca.




Willy


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Ya era el momento de confesar, no podría dejar que siguiera enojándose,
ya que se su tono de voz subía , la intensidad de los azotes y la regularidad
y si bien es cierto disfruto mucho con eso, sin embargo, no me gusta cuando
ya deja de ser placentero para pasar a ser algo más parecido a un castigo
real.

Respiré profundo, me puse de pie, y comencé a hablar.




Muy despacio ya que vi que se acercaba a mi cara para escuchar bien.




Comencé por decirle que hace unos días me había entrado
un poco de ansiedad, de una pena inexplicable, llegando a lo común en
mí que es la depresión, y que siendo frecuente ya había
aprendido a sobrellevarla como también a prevenirla o pararla haciendo
cosas que me subían el ánimo, como también a simularla
siendo lo habitual que nadie se percate de ello.




El caso es que haciendo aquellas cosas que me levantan el animo están
el irme de compras, llevarme lo que encuentro aunque no lo necesite, ni nadie
lo necesite y había hecho humear las tarjetas, lo que nos hacia salirnos
del presupuesto sin que esto tampoco llegara a ser algo que nos arruine, tampoco
soy una irresponsable. Al tiempo que decía esto comencé a llorar,
y me abracé a el, esperando su comprensión y consuelo. Estaba
muy consciente que lo que había hecho estaba muy mal, pero ya estaba,
no había vuelta atrás, por eso había tratado de pasar
el trago amargo haciendo de esto un juego.




El respondió a mi abrazo, muy dulcemente, y se quedó en silencio
largo rato, que daría yo por saber que piensa en esos largos silencios.

Lloré , llore, hasta que comencé a tranquilizarme, cosa que el
notó, y me tomó por los hombros, me ayudo a secar la cara de
las lagrimas, me miró largamente, pero aún en silencio, para
por fin pronunciar ...


Rommy


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Sinceramente me enterneció hasta el alma, la senté en mis rodillas
y le hice muchos mimos para consolarla un poquito. Pero no debía dejar
que los sentimientos profundos que ella me provocaba interfirieran con el castigo.




Abrazándola fuerte, muy fuerte y acariciando su cabello, secando sus
lagrimas le dije al oído con la voz mas dulce pero firme que pude:




- Rommy, ve al rincón, te quedas quietecita mientras pienso que haré contigo.
Como comprenderás, debo castigarte.




Con los ojitos llorosos y haciendo mohines se fue al rincón. Mientras
se dirigía allí giró para mirarme y con su mirada trataba
de adivinar que pasaba por mi mente ... la conozco tanto! Mantuve mi rostro
inexpresivo, tratando de aparentar severidad.




- Rommy, esta vez te has pasado de la raya, te advertí que fueras cuidadosa
en el uso de las tarjetas, que no prestaras atención al llamado que "escuchas" de
las vidrieras. Pero veo que no puedes con tu genio.




- Siii, me cuide, te juro, pero es que ... ¡¡¡había
unas ofertas!!!




- Ahh, lo reconoces , bien ... te daré 20 con cinturón, y 10
mas por hablar estando en el rincón, que nadie te autorizó. ¿Estamos
de acuerdo?




- Si , mi amor –




Me acerque despacio por detrás, saque mi cinturón del pantalón
que estaba en la silla, lo doble convenientemente y comencé la serie
despacio, casi una caricia, subiendo la intensidad de a poco con cada azote.
Sus nalgas fueron tomando ese color tan especial, primero rosa, luego mas rojo
y expandiéndose a medida que iba alternando las zonas. Pronto toda su
cola estaba colorada. Me detuve al llegar a los primeros 20 y la sobé un
poquito ya que los últimos 5 habían sido bastante fuertes.




Hasta ese momento había estado en silencio y bastante quieta, pero en
los ultimo comenzó a moverse y gemir.




- Rommy ve a la mesa e inclínate . Le ordené pero sin gritar.




- ¿Por qué? ¿qué me harás?




- Los próximos 20 serán en la mesa y atada de pies y manos.




- Noo, no, ¿por que? – protesto - Además solo faltaban
10 –dijo sonriendo




- Si, pero hablaste ... así que 10 mas.




- No, por fa ... porfa.




- ¿Sigues? Que sean 30 entonces.




- Mmm .. – iba a seguir pero tomo conciencia y se callo.




Até sus tobillos a las patas de la mesa y sus muñecas al otro
extremo. Luego coloqué un cojín bajo su vientre para que estuviera
cómoda (como me preocupo por ella ¿no?)




La verdad que la sola vista en esa posición ya me había puesto
muy caliente, pero debía contenerme, lo que no es fácil. Aproveché para
constatar su estado tocando su genitales, y ... mmm ... pero no, luego, sigamos
con los azotes.




Comencé nuevamente muy suave para luego ir in crescendo. Sus movimiento
por estar atada eran muy limitados, de todas formas, se retorcía bastante
y dejaba escapar algún que otro "uh" "ah". Cuando
llegue a la cuenta, solté el cinto y la consolé con muchas caricias
y mimos ... y mas.




- Amor mío, me encantó tu sorpresa, espero que a ti también














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