
Me llamo Arturo, tengo 38 años y soy un honrado trabajador metalúrgico. Estoy en proceso de separación de mi esposa Rita, una hermosa y provocativa hembra de 35 años que, de prosperar la demanda de divorcio que me ha interpuesto alegando"crueldad mental" ,se quedaría con nuestra vivienda y me obligaría a pasarle la mitad de mi sueldo para mantener a mi hijo Richard, de 16 años, que viviría con ella. Si esto es lo que dictamina el juez (mejor dicho, una antipática jueza feminista), está claro que me las voy a ver negras para sobrevivir con la mitad del salario. Tengo un mes para aportar pruebas porque tengo la sospecha de que Richard no es hijo mío...
Rita ha sido siempre una mujer muy recaliente y viciosa. Ya en el noviazgo me exigía casi un polvo al día, y le gustaba que la masturbase a cualquier hora y en los sitios más insospechados: en la disco, en el auto, en el wc ... Mi dedo corazón ya tenía callo de tanto frotar su clítoris, aunque bien es cierto que ella me compensaba con unas mamadas increíbles. Más adelante, ya casados, se aficionó a los juguetes eróticos, sobre todo los vibradores, que los tenía de todos los tamaños y colores, pero sobre todo reproducciones de buenas porongas negras que la muy zorra se metía por el coño o por el orto cuando follábamos, según el agujero que estuviese libre.
Mi sospecha de que Richard puede no ser hijo mío viene de que a los pocos meses de casados tuve que trasladarme fuera de mi ciudad a unos astilleros navales para realizar trabajos como soldador durante más de un mes. Conociendo a mi mujer y su furor uterino, cómo podía pasar tanto tiempo sin sexo? Si bien su última adquisición de consoladores fue un pollón negro de treinta centímetros modelo "mandingo", con tres velocidades, yo siempre tuve la certeza de que Rita necesitaba una polla de verdad y sobre todo sentir su descarga seminal dentro. De manera que cuando, al poco de volver de mi trabajo del astillero, me dijo que estaba embarazada, las cuentas no me cuadraban, pero callé, pero ahora que está en peligro mi futuro económico, haré todo lo necesario para esclarecer la situación.
Hice una consulta a un abogado, y la respuesta es que tenía que hacer la prueba de paternidad; es decir, comparar mi ADN con el de Richard. En mi caso era fácil, pero cómo conseguir un fluido (sangre o semen) del chico sin que se enterase? Hablé de ello con mi íntimo amigo Flavio, el portero del puticlub que frecuento ultimamente porque mi mujer no me deja ni tocarla y no es cuestión de empezar a pajearme como cuando era adolescente, y él se ofreció a echarme una mano. Flavio es un brasileiro de 27 años, negro como el carbón, de más de dos metros de altura, que llama la atención por su musculatura y su buen porte. Después de pedirme información sobre los gustos y costumbres de Rita, así como de mostrarle una foto suya, me propuso un plan muy imaginativo y, al tiempo, muy excitante. Tanto me recalentó el moreno que aquella noche hice un trío en el garito con una brasileira y una china. La asiática terminó corriéndose en mi boca por lo que comprobé que la eyaculación femenina existe y a la mulatona le quedó la concha abierta y colorada como un mejillón.
Rita es muy aficionada al cine y rara es la semana que no va a la sala que hay próxima a nuesta casa. A veces va con Richard o con una amiga; esta vez fue sola. Proyectaban la película \\\"Libertad\\\", llena de negros por todas partes. Ya se había iniciado el filme cuando Flavio se sentó a su lado. A ella le extrañó un poco pues la sala estaba casi vacía pero le gustó la idea de tener al lado un hombre de color de tan espléndida figura. No habían pasado unos minutos cuando Flavio ya le estaba introduciendo la mano entre los muslos. Rita disimuladamente se subió la falda y se abrió las piernas. El negro ya estaba sobando la concha por encima de las bragas; con sus dedos largos y huesudos le frotaba rítmicamente la rajita que ya empezaba a humedecerse. Rita en un arrebato se inclinó y se quitó las bombachas y se las metió en el bolso. Ya sin ningún obstáculo, Flavio mojó los dedos y empezó a masturbar a la mujer. Sus ágiles dedos trabajaban sobre todo el clítoris, que parecía una pequeña pijita de excitado que estaba. Las secreciones vaginales facilitaron a continuación la entrada de éstos en el chocho. Rita se estremeció de placer y tuvo un primer orgasmo. El hombre ya se había sacado la verga fuera del pantalón; era una inmensa polla larga y gruesa, su gorda cabeza relucía en la oscuridad de la sala. Rita no lo dudó, se arrodilló en el piso y se la introdujo en la boca. Aquel sabor especial la excitó sobremanera y empezó a pajearse de nuevo. Metió los negros huevos en la boca sin parar de masajear el potente manubrio, al tiempo que sus jugos vaginales mojaban sus dedos y se deslizaban por sus muslos. Cuando el brasileiro con su cabeza echada hacia atrás en el asiento descargó toda su leche en la boca de la mujer en medio de grandes convulsiones, ésta volvió a tener otro orgasmo entre fuertes jadeos, afortunadamente acallados por el ruido de la gran pelea que se desarrollaba en la pantalla entre los esclavos y los negreros españoles. Rita sacó las bragas del bolso, se limpió los restos de semen que aún le quedaban en la boca, le limpió delicadamente la polla a Flavio y se sentó de nuevo en su butaca para seguir el desarrollo de tan interesante película.
(Continuará...)
el mejor con diferencia
bueno bueno bueno
segui la historia porfa, que me recalienta
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