
Nos casamos jovenes, teniamos 22 años, estabamos enamorados y siempre calientes. A los veinticinco tenia dos hijos y me habia hecho una ligadura de trompas pues no queria tener más. En la cama mi marido me hacía de todo, siempre consentido, le gustaba mucho el sexo oral, me chupa hasta secarme totalmente y yo a él también, siempre me decía me dejas totalmente seco. Empezamos a contarnos nuestros sueños eróticos, él siempre tenía el sueño y el deseo de tener su tranca entre las lenguas de dos mujeres, siempre me decía que lo deseaba con locura, era algo que no podía remediar y lo deseaba tanto que no paraba de pedirmelo disimuladamente de forma cotidiana. No soy una persona realmente moderna en este sentido, entendia que era mío y yo suya, y que una cosa eran los sueños y otra las realidades, pero llego al extremo de no dejar momento sin comentarlo, hasta que cansada, decidí darle lo que tanto quería:
Dejamos a mis niños con mis padres y salimos a pasear, por la noche. Fuimos dando un paseo en coche al barrio chino, y él como noA¡ vuelta a empezar con la misma musiquilla. Cuando vi una prostituta y le dije a mi marido que parase, lo hizo y le pedi a la prostituta que cuanto por una mamada a mi marido, acordamos y nos fuimos los tres en el coche a un descampado, mi marido estaba nervioso, yo había sido la unica mujer que habia puesto las manos en su polla. Nos sentamos los tres en el asiento trasero del coche y le sacamos la polla a mi marido y empezamos a chuparsela, el disfrutaba enormemente y la puta venga chuparle la verga y yo los huevos, y luego al revés. Tuvo un orgasmo de campeonato, se corrió. Después llegamos a casa y todo eran lagrimas por su parte, por todo lo que me había hecho, no se había dado cuenta del daño y del sentimiento de culpa que iba a tener. Eso sí solo fueron los primeros días, después empezo el rollo de nuevo, pero esta vez su sueño era con un hombre...
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