
Terminaron las vacaciones y los deberes en la escuela me dificultaba ver a mis vecinitos ya había pasado un periodo largo de mes y medio. Luego la ausencia de ellos por regresarse ver a su madre que enfermo gravemente no sabia nada de ellos. Por ello, me entregue de lleno a la escuela, Roberto ya casado y apunto de ser padre no me buscaba ( y si fuera otro no pararía sin desfogar ganas). En eso mi padre me pidió un favor especial, pasar a recoger a un invitado de España al aeropuerto.
Me toco ir al aeropuerto y puse mi letrerito José Luis, paso y paso gente y mi alojado no aparecía, estaba harta de esperar y el calor era insoportable, en eso me tocan el hombro y reaccioné algo exaltada cuando volteo veo unos hermosos ojos verde me quede anonadada por tanta hermosura de hombre y el solo atino a decir: aEoeGracias, por venir por mi, soy nuevo en México
Después me presente como la hija del Jefe y que lo llevaría a alojarse a mi casa, y que lo llevaría a la oficina de mi padre. En el transcurso me pregunto varias cosas, así como yo a él, resultando que se llama José Luis de 35 años proveniente de España, soltero pero con novia y con un hijo.
No podía evitar mirarle la boca mientras me hablaba, aquellos labios que pedían a gritos ser devorados, unos ojos impresionantes es decir todo.
Durante el trayecto seguimos conversando de muchas cosas y nos metimos en pleno tráfico del D. F. y casi me alegré por ese hecho para poder estar más tiempo junto a ese hombre.
Que suerte tengo de tener una hermosa acompañante que me aligera lo horrible del tráfico. Sólo atine a decirle aEoeGracias
El viaje era largo y debido a la hora lo tuve que llevar con mi padre, y llevarme sus maletas. Prepare la habitación de invitados y puse en la cama sus maletas para que lo arreglara como el quería, solo se quedaría una semana.
No pude quitarme de la cabeza en todo el día la imagen de aquel hombre todo un diamante Español. En la noche llego con mi padre a cenar y todos nos fuimos a dormir. Como sabrán poco pude verle pues se la pasaba con mi padre y yo en la escuela. El viernes por la noche decidieron hacer una cena muy especial y fui invitada para acompañarle, en ella mis padres se pasaron un poco de copas y como yo no bebo demasiado me toco ser el conductor designado. Con ayuda de mi madre subimos a mi padre y ella se encerró en su cuarto disculpándose que mi padre quedara muy mareado, que lo dejaba con buena compañía.
José Luis estaba arrebatador: Una camisa larga azul marino con el cuello ligeramente abierto y unos pantalones de lino le hacían elegante y más deseable todavía. Todas esas sensaciones me habían transformado y alucinado.
En eso estaba cuando me dijo aEoeestás hermosa dándome primero un beso en mi mano galantemente y después otro en mi mejilla agradeciendo mi compañía. Aquella situación me hizo mojarme y que mis pezones se endurecieran considerablemente. Yo no sabía donde meterme pero cuando los ojos de José Luis se dirigían a mí de esa forma conseguía además de sacarme los colores, excitarme aun más de lo que estaba.
Mis pensamientos me llevaban a querer darle un beso a José Luis. Sin embargo, no podía ser conveniente pues es un tipo de negocios alojado en mi casa y cliente de mi padre.
Hubo un silencio y José Luis me dio un tierno beso en las escaleras. Nos miramos fijamente y no pude remediar le di otro beso pero esta vez mi lengua quiso explorar la suya y darnos un morreo intenso mientras mis padres dormían placidamente a pocos metros de nosotros. José Luis acariciaba mi cabeza y yo me agarraba a su cuello como queriendo que no se fuera nunca y que nuestras bocas se fundieran en ese beso inolvidable.
AA¡Hagámoslo! dije de pronto mirándome fijamente a los ojos.
Y mis padres?
José Luis, hazlo antes de que me arrepienta Además ya están como troncos, vamos a tú dormitorio.
Le tomé de la mano tirando de él y para evitar que yo misma pudiera arrepentirme, nos dirigimos a mi dormitorio. José Luis se sentó en la cama y yo a horcajadas sobre él. Me agarré con mis manos a su cuello y nos quedamos mirando unos segundos fijamente. Nuestros pechos estaban unidos, podíamos percibir la respiración del otro y los respectivos sexos en contacto a través de la ropa. La erección de José Luis era evidente y palpable en mi vagina. Le saqué la camisa como una desesperada, acariciando ese torso desnudo que tanto me embelesaba seguía besándole en el cuello, en la boca, mientras él acariciaba mi espalda por encima del vestido y la otra mano se introducía entre mis muslos buscando el lugar más caliente de mi cuerpo.
Dios que gusto José Luis - dije entre suspiros al notar como sus dedos habían llegado hasta mi tanga empapado.
La lengua de José Luis se movía con tremenda pericia, pasaba por mis labios, jugueteaba con mi lengua y yo quería que aquello no terminase nunca. Buscaba con mis labios atrapar esa lengua juguetona. Estaba cachondísima. Le deseaba le necesitaba. Me sacó el vestido por encima de la cabeza y observó mis pechos desnudos, pero esta vez no se conformó solo con mirarlos, sino que los atrapó con esas divinas manos que me hicieron estremecer
José Luis, que delicia - cuanto he deseado este momento repetía mi invitado.
Nuestras caricias eran continuas y nuestra lucha por despojarnos de la poca ropa que nos quedaba era desesperada, hasta que, como dos locos, nos pusimos en pie y mutuamente nos quitamos las últimas prendas, hasta quedarnos completamente desnudos. El pené de José Luis se veía vigorosamente grande. Al sostenerla entre mis dedos él no pudo evitar emitir un pequeño gemido que aun me encendía más. Ya no había marcha atrás, lo quería probar y que me cogiera.
Le empujé sobre la cama, quedándose tumbado y con su precioso pené apuntando al techo. Me arrodillé sobre la cama a su lado y frente a la palpitante pené y con mi lengua recorrí toda su longitud, desde su base hasta la punta mientras de reojo observaba como él se estiraba y cerraba los ojos en síntoma claro de lo bien que lo estaba disfrutando. Lo siguiente fue chuparle los testículos, con la lengua, con los labios, incluso mordisqueándolos con mis dientes. Luego me metí todo ese enorme ser en la boca, lentamente pero hasta casi llegar a mi garganta y comencé a mamarlo con todas las ganas. Solo se oía el ruido de mi aliento y mi boca que lubricaba aquel pené. Mis manos se agarraban a sus caderas y mi velocidad iba en aumento como si aquella mamada fuera lo último por hacer en mi vida. Me pidió que me tumbara en la cama pues veía que no podría resistir por más tiempo las caricias que mi lengua y mis labios estaban proporcionando a su delicado miembro. Era su turno para arrancarme todo el placer.
Al tumbarme y recibir de inmediato la lengua de José Luis en el interior de mis muslos creí entrar en el paraíso del placer. Recorrió mis piernas hasta que llegó a mi vulva, allí se desbordó, trabajando afanosamente con sus labios y su lengua. Lo hacía maravillosamente y mi cuerpo sentía todo el placer del mundo. Tenía que sostenerme a su cabeza y solo repetía su nombre en señal del gusto que me estaba suministrando. Que placer tan grande.
Cambiamos de posición el recostado y yo por montarle, me senté sobre mi deseado español. Agarré aquel violáceo capullo y lo orienté entre mis muslos hasta que su punta se ubicó en la entrada de mi vagina. Tuve que cerrar los ojos, porque casi me mareo de esa sensación más aun cuando la cabeza de ese precioso pené se hizo paso en mi interior, para después centímetro a centímetro dejarme caer sobre ella y quedar empalada. Dios, que gusto era sentirla tan adentro, pensé que me iba a partir en dos, sin embargo se adaptaba perfectamente, creo que ambos estábamos hechos para coger en ese momento como si fuéramos el engranaje perfecto. Abrí mi boca para que la lengua de ese hombre se introdujera a jugar con la mía, quería tener todo lo máximo de él... sentirle plenamente.
Que pené más rico José Luis que delicia - repetía yo, olvidándome de que era invitado de mi padre
Es toda tuya preciosa, disfrútala.
Empecé a subir y bajar continuamente por ese largo pené que me arrancaba gusto tras gusto logrando hacerme estremecer de placer con cada embestida. Salía hasta casi la punta para volver a dejarme caer y sentirla completamente. Era increíble el gusto que me estaba proporcionando aquel español. Teníamos sexo con desesperación, nos besábamos, nos acariciábamos y gemíamos sin importarnos que nos escucharan mis padres, solo éramos José Luis y yo. El chapoteo de nuestros sexos lubricados era un sonido maravilloso que solo la calentura sabe describir y yo me apoyaba en el cuello de mi venerado español y me dejaba caer intentando hacer más intensas cada uno de mis sentones.
Nuestros cuerpos desnudos sudaban y se unían en un polvo maravilloso, ese que nunca creía hacer con alguien que solo con sus ojos me atrapara.
Estás preparada para darte por tu rica colita? me dijo de pronto.
Sí, lo estoy. contesté decidida mirándole fijamente a los ojos y con ese pené que llegaba a lo más hondo de mi ser sabiendo que en ese momento se abriría paso en mi culito.
José Luis comenzó a acariciar mi esfínter con sus dedos sin dejar de introducir su miembro en mi sexo ni de besarme tiernamente, consiguiendo que mi cuerpo se dejara llevar relajadamente.
Trae una crema o aceite, preciosa.
Me costó separarme de José Luis durante los pocos segundos que tardé en dirigirme al baño en busca del aceite que utilizo para después de la ducha.
Este esta bien?
Sí, es perfecto. Date la vuelta, quiero ver ese precioso trasero en pompa.
Sus palabras me enloquecían. Coloqué mi culo frente a su cara que sentado desde la cama lo toqueteaba, lo mimaba lentamente y lo lamía con su lengua mientras separaba los cachetes y provocaba que mi agujero se abriera ante aquellas caricias y chupeteos. Yo creía morirme. Miraba mi cara reflejada en el espejo del armario que se encuentra justo frente a mi cama y comprobaba que era de puro vicio, estaba más cachonda que nunca en mi vida pues nunca había cogido con mis padres en la casa. Mis ojos brillaban a más no poder, mis mejilla enrojecidas indicaban el nivel de calentura y lo remataban mis pechos inflamados con los pezones puntiagudos
Bien, estás muy bien para recibir mi miembro. Quieres que te la meta por ese precioso culo?
José Luis te lo suplico. Dámelo ya, quiero sentirlo en mi culo, no puedo más - le decía yo rematadamente excitada.
José Luis cuidaba cada detalle al máximo por lo visto era un buen amante y le gustaba hacerlo todo con calma. Con sus manos me abría completamente mi cola y lo fue metiendo poco a poco en mi cola. Miré al espejo de nuevo y la escena me trasladó a un mundo nuevo, me sentía extraña al verme allí reflejada en esa postura me excitaba aun más. Su cara también se veía en el espejo, mientras que su pené se abrió paso sin problema, con menos resistencia de la que esperaba (ya que los vecinitos no me lubricaban y terminaba herida de ahí)
Los dos cuerpos estaban unidos y así se veían reflejados en el espejo, su cabeza pegada a la mía, su cuerpo en mi cuerpo, su pené en lo más adentro de mi culo. Le sonreí y tras asegurarnos que mis padres seguían dormidos. José Luis me agarraba por las caderas y observaba como la lubricación se hacía perfecta y yo en el espejo como nuestros cuerpos se unían continuamente, arrancándonos más y más placer.
Me sentía tan a gusto así cogiendo con José Luis que me hubiera tirado horas.
Que gusto princesa, creo que no voy a aguantar más, me voy a correr. eran las palabras entrecortadas de ese hombre, ese que me arrancaba el placer en lo más profundo de mi culo.
Córrete José Luis le decía yo, mientras arqueaba mi espalda intentando que aquel pené entrase aun más adentro.
De pronto José Luis se agarró a mis senos y mantuvo su pené bien adentro, cuando de pronto, los primeros chorros de su leche bañaron mi agujerito posterior. Varias embestidas más y varios espasmos daban lugar a una corrida monumental por su parte. Y yo me sentía dichosa y así continué sintiendo como me mojaba la entrepierna aún más.
Él me abrazaba por detrás y seguí apretando su pelvis contra mi culo para que todos esos calambres de placer llegaran a lo más profundo de mi ser y vaya que si llegaron, por un momento sentí una especie de mareo y ese orgasmo fue muy distinto a otros muchos que había tenido otras veces. Fue una maravilla.
Exhaustos, terminamos separándonos y yo me giré colocándome nuevamente sobre él, cara a cara para besarle, sosteniendo su rostro entre mis manos, mi lengua exploraba dentro de su boca, quería seguir atrapando la suya, darle todo ese placer que acababa de regalarme.
Una última mirada a sus ojos que brillaban vivaces para decirle:
Gracias.
Gracias a ti, preciosa. Nunca podré olvidar esto. contestó sonriente.
Mis padres seguían dormidos, y el subió desnudo a su habitación lo más sigiloso y silencioso posible, me tendí en mi cama y dormí tan placidamente y con una sonrisota de satisfacción.
Sabía que José Luis al día siguiente desaparecería, sin embargo su presencia estaba junto a mí y el recuerdo de haberme dado el mayor de los placeres al tomarse la delicadeza con mi colita, eso fue inolvidable...
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