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Fecha: Miercoles, 9 Abril 2008 « Anterior | Siguiente » en Amor Filial

EMBARAZADA

Anonimo
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Tengo una preciosa hija de 18 años; es estudiosa, casi filósofa. Muy hermosa mi hija. Para sorpresa mía y de mi esposa, decidió embarazarse; seleccionó al garañón para engendrar pero exigiendo que él nada tuviera que ver con el hijo. Estaba por los siete meses de embarazo. Una tarde en que yo trabajaba en algún tonto ensayo, la escuché entrar y la vi... completamente desnuda
EMABARAZADA

Me llamo José. Soy un hombre casado de 38 años, con una hija de 18. Como ven, casé muy joven, y qué bueno, porque ahora tengo una fantástica relación con mi hija. La experiencia se inició apenas una semana atrás.
Iniciaré diciéndoles, siempre he sido fiel en mi matrimonio; nunca imaginé cómo, y mucho menos con quién iba a empezar mi infidelidad. No tiene caso describirme físicamente, les diré que soy un hombre racionalmente normal en todos sentidos.
Hasta ahora, he tenido un hijo, mejor dicho, hija. Mi niña linda, me gusta decirle, creció sana; hasta la fecha continúa sin problemas de ningún tipo. Es alta, tan alta como su madre y yo, esbelta, hermosa, y lo digo a lo hombre, no como padre; además, así la ven mis amigos, la conocen bien, y los familiares cercanos; sus compañeros coinciden con nosotros, creo, porque la acosan con cierta constancia. Más adelante la describiré corporalmente.
Se inició sexualmente hace dos años, es lo que dice, y le creo. Hace siete meses se embarazó. Lo hizo intencionalmente, parece; seleccionó al galán, individuo del que no quiere saber nada en estos momentos. Desde su inicio en las maravillas del sexo se protegía correctamente con anticonceptivos, pero tomó la decisión de tener un hijo, y así lo hizo. Hasta ahora ella, y menos yo, tiene una explicación racional que esclarezca la decisión de ser madre a tan temprana edad.
Está por terminar la preparatoria; quiere estudiar filosofía; caray, no lo puedo creer, sin embargo eso quiere. Debo reconocer que es una devoradora de libros; durante su corto estudio siempre ha tenido la máxima calificación, figurando siempre en el primer lugar de su clase y escuela. Un verdadero cerebro el de esta tan especial hija de mi vida, a quien amo entrañablemente por tantas razones!
Es de suponer que en cuanto su abdomen creció dejó de ir a la escuela y se enclaustró en casa. Cuando comprobó su embarazo, vino y nos lo dijo muy formal, y muy seria. Nosotros, mi esposa y yo, nunca hemos sido mojigatos, ni muy observadores de la norma. Así que, aclarado su deseo de tener el hijo, la rodeamos de afecto y atenciones. Durante este lapso, se ha dedicado a devorar libros, escuchar música clásica, su favorita, y a escribir no sé qué cosas. Siempre ha estado alegre, se puede decir feliz, en forma por demás manifiesta, felicidad demostrada en el relato que sigue.
Les decía, en casa nunca hemos sido conservadores. Por eso no tenemos muchas reservas para las cuestiones sexuales. Por ejemplo, no es raro que cualquiera de nosotros caminemos completamente desnudos por la casa, sin que eso nos altere en lo más mínimo. Mi hija, la llamaré Linda, mi querida Linda, por supuesto, tiene esa liberalidad A pesar de lo que dije, cuando veía a mi niña semidesnuda, o por completo desnuda, no dejaba de admirar su cuerpazo de adolescente. No obstante, les aseguro, nunca tuve ninguna idea sexual al verla, al abrazarla y besarla en la boca como es nuestra costumbre. Insisto, nunca fantaseé con el hermoso cuerpo de Linda, menos con la idea de seducirla.
Las primeras semanas de embarazo sintió los desagradables síntomas de preñez. Cuando se sentía mal, prefería venir a mis brazos para consolarse, que ir a los de su madre, incluso, ésta se sentía un tanto desplazada en el papel que tradicionalmente corresponde a las madres, me lo llegó a decir. En esos momentos de mal estar le gustaba acostarse sobre mis muslos estando yo sentado, así me era más fácil acariciarla, decía. En efecto, acariciaba su rostro, alisaba su largo y hermoso pelo, le daba masaje en el cuerpo por todas partes, algunas veces directamente en la piel conforme lo solicitaba. Me enternecía chiquearla, darle afecto; lo necesitaba, estoy seguro. Cuando su panza creció, por las mañanas me pedía que le pusiera crema, solicitud un tanto insólita puesto que ella podía untársela en el vientre. Le daba gusto; pasaba muchos minutos untando crema en su panza. Ella cerraba los ojos, sonreía, disfrutaba sentir la suave y lenta mano que untaba crema, en realidad era una caricia desacostumbrada. Ocasionalmente la percibí respirar agitada; cuando menos dos veces jadear, parecía estar excitada; yo, ni siquiera prestaba atención a esas manifestaciones físicas. Me concretaba a ver la panza para guiar la mano adecuadamente. Claro, en varias veces sus senos rebosantes estuvieron al aire, por completo desnudos; los veía un tanto embelesado, les juro, sin excitarme sexualmente. Senos portentosos y demasiado bellos con la plétora preparatoria de la lactancia. Los pezones se le empezaban a poner prietos, las areolas de considerables dimensiones. Ya había admirado esos senos de virgen adolescente; muchas veces llegué quedarme extasiado durante el tiempo que tenía a la vista sus fantásticos senos, soberbios en su belleza, tal vez esta contemplación sí tenía erotismo.
Una tarde me quedé en casa a trabajar en un raro ensayo; mi mujer se fue a trabajar. Linda estaba en su recámara leyendo no sé qué libro. Momentos antes de concentrarme en mi trabajo fui a verla para ver si no se le ofrecía algo. Me vio, sonrió apartando el libro, dijo: "de momento nada, papá. Tal vez al rato. No te preocupes, estoy bien... un tanto confusa... nada de cuidado. Trabaja; si algo se me ofrece, te echo un gritito, sale?", atribuí su confusión al libro que leía, por eso no le di importancia a la palabra.
Estaba ensimismado en la redacción del difícil documento cuando escuché abrirse la puerta de mi estudio. Sabía que era ella, por eso ni siquiera levanté la vista cuando entró. La escuché caminar en mi dirección, entonces sí dejé de mirar el papel para verla... la vi venir desnuda, completamente desnuda!, muy bella, por delante la gran panza reluciente, brillante por la tensión, la crema, y los fabulosos senos pletóricos. De las formas corporales, pasé a verla a los ojos. Vi su mirada muy extraña, un tanto desacostumbrada. Pelé los ojos cuando la vi contonearse y sacar la larga lengua lamiéndose los labios en una actitud de franca lascivia lujuriosa. El corazón me latió más fuerte; no pude apartar la vista de los labios sensuales - hasta ese momento me percaté de la extrema sensualidad de su cuerpo, de su hermoso rostro, en fin, de toda ella; desde siempre le conocía ese tipo de actitudes a las que nunca identifiqué, o no quise hacerlo - Más alarma cuando sus manos empezaron a pasear por su cuerpo, deteniéndose eternidades en sus chichis hinchadas, duras, para luego llevar sus divinas manos hasta las caderas, pasearlas por sus nalgas y, para mi asombro, ponerlas en su sexo lleno de lindos pelitos castaños, adorables, realmente bellos; daba lentos pasitos cortos haciendo movimientos de lascivia exacerbada. Se detuvo a unos centímetros del escritorio. Ninguno de los dos habíamos dicho una palabra, sólo nuestros ojos hablaron. Al estar allí, vi que se lamió con mayor intensidad los labios, acomodó sus dos manos por debajo de las tetas pesadas, y dijo:
- Papacito lindo... estoy muy caliente, tengo enormes deseos de coger, de coger mucho, mucho... no con cualquiera, quiero coger contigo! - Casi me caí del sillón. Mientras habló, la miraba directamente a los ojos; el rostro tenía la lánguida expresión de las enamoradas, o de las que están, dijo, enormemente calientes, deseosas de coger. Tragué saliva, mis manos sudaron, mi intelecto derrapó; sin embargo, veía sus chichis increíblemente hermosas, sin poder apartar los ojos de la belleza. Con pena, sentí frustración por no ver su vientre completo, menos sus lindos pelos: se escondían tras el escritorio. No sabía qué decir o hacer, continué tragando saliva; sudaba copiosamente. Viví segundos interminables, de tremenda confusión, y más por los términos vulgares que empleó para expresar su deseo, - había dicho - de no saber actuar en tan inesperada y terrible situación. Vio mi asombro y mi desconcierto, y continuó:
- Entiendo, te entiendo, papá, lo sé, estás tan confuso como yo estaba hace unos minutosaEi¿½ pensando en coger contigo. Razoné, reflexioné, y encontré que una verga es una verga, independientemente de quién sea el propietario de la verga. Para tomar esta bella decisión, imaginé un encuentro a ciegas, es decir, teniendo los ojos vendados, lo mismo el hombre con quien me encontraba. Por supuesto, la idea de ese encuentro era fornicar con un desconocido; claro, lo mismo para los dos. Bien, lo besé y me besó con la pasión propia de quienes están dispuestos a coger bien rico, sin trabas, sin límites. Luego acarició mis chichis, yo sus nalgas potentes y redondas. - Mientras hablaba, yo imaginaba la escena, por supuesto, me estaba excitando aún contra mi voluntad - luego acarició mis nalgas, y yo tomé su verga; luego me agaché, y la acaricié con mi boca, aunque, en la reflexión, no se la mamé, pero, ahora pienso, hubiera sido rico, además de adecuado. Bueno, para no hacer más larga esta explicación, caímos al piso, abrí los muslos, puso la cabeza de la verga en la entrada de mi vagina, y yo, al mismo tiempo que él, empujé las nalgas para ir al encuentro de la verga divina; de golpe se metió hasta el fondo de mi anegada vagina. Luego, el fabuloso mete saca me hizo llegar a un feliz, portentoso y placentero orgasmo. Recibí su leche en mi vagina, y lo besé con agradecimiento y gozo. En ese momento nos quitamos la venda de los ojos y descubrimos que éramos padre e hija... y no pasó nada!, nos dimos otro beso, esta vez lleno de amor y ternura. Ves que no importa que cojamos tú y yo?, la prohibición es estúpida. Y lo es, porque parte de premisas falsas, es decir, quita la calidad de hombre al padre, y de mujer a la hija, y por qué?, pues nada más porque a alguien se le ocurrió que así debía ser. Se ha dicho hasta la nausea y el vómito, que se prohíbe la cogida entre padres e hijos porque darían productos deformes, inviables inclusive. Reflexiona, la familia monogámica es moderna e invento de los poderosos; antes no existía, por tanto, tampoco el parentesco; para ti, hombre letrado e inteligente, es fácil colegir que las cogidas entre los humanos de la época previa a la monogamia se daba entre los integrantes del grupo sin considerar parentesco alguno puesto que esto no existía; vas entendiendo? Claro, se ha demostrado que es falso de toda falsedad eso de hijos deformes producto de una relación sexual entre parientes. Pero supongámoslo cierto; el riesgo entre nosotros, para ya particularizar, o mejor, personalizar, ese riesgo no está presente, estoy embarazada!, y ni modo que me vayas a embarazar de nuevo - Se reía feliz por este final de su racionalización. Pero imagina otra posibilidad. Supón que vengo y te digo: sabes qué, papá?, mi amiga Josefina está arriba conmigo; es una chica muy linda, de mi edad, y compañera de escuela. Nos tenemos el chorro de confianza y nos contamos nuestras cosas. Pues... - aquí dramatizaría un poco - fíjate, me da pena, pero debo decírtelo porque la quiero mucho, y me ha hecho muchos favores... además, yo sé, entiendes bien las necesidades de las adolescentes, no es así? Bueno, pues ella dice que le gustas mucho, fíjate!, claro, tú pelas los ojos y sigues atento. Pero, bueno, con pena, me comprometí con ella fíjate, quiere... bueno, la neta, quiere hacer el amor contigo - es un primer acercamiento en el tema de tu hija querida, no me atrevía a decirte palabras claras aunque se consideren altisonantes; a mi son las que me gustan, ya me escuchaste, no? - estaba lelo escuchándola sin poder ni atreverme a decir nada; su ejemplo anterior me tenía loco... de contento, bueno, daba salida a mis trabas mentales, me permitía admirar a mi gusto la belleza desnuda de mí amada hija, ahora se transformada en mi muy deseada hija, la hermosa jovencita que, sonriente, dramatizaba coqueta y muy ingeniosa - No pongas objeciones, le dije que aceptarías sin duda, incluso, con mucho deseo por aquello de que a quién le dan pan tierno que llore, no es así?. Vergonzosa, es natural, te pide que el amor se realice teniendo tú los ojos vendados, bien vendados para que no la puedas ver, porque ella teme que la identifiques y luego, pues... te pongas a perseguirla. Le digo que no sería así, pero no la convencí, porque para mí sería fantástico que pudieras admirar la belleza rutilante de mi amiguita. Entonces qué, aceptas? No creo que te negaras a la insólita solicitud verdaderamente colosal de cogerte a una casi niña; para cualquier papá sería platillo de gourmet no crees? Entonces me iría; regresaría en unos minutos, te vendaría los ojos, te diría: espera, en un minuto mi amiguita estará contigo. Y sí, pasados unos minutos sentirías un beso largo en tu boca, además de un sutil perfume, no lo identificarías mío. Sería yo la que te besara, y te acariciara, y pondría tus manos en mis colosales chichis, tú las creerías de mi amiguita, luego te pediría que mamaras mis chichis, y metieras las manos a mi pucha, y acariciaras mis pezones. Las palabras con voz deformada para que no la reconocieras. Tomaría tu verga, la besarí no la mamaría; no corresponde a una chamaquita que se inicia esa práctica que es de... bueno, podría ser. Finalmente, pondría la cabezota de tu verga en la puerta de mi vagina, empujaría mis nalgas, jalaría las tuyas con mis manos, y me meterías esa rica vergota que tienes, lo sé. Cogimos, no? Yo me iría sin que tú me hubieras visto. Pondrías objeción?, seguro no, para nada. Tendrías trabas por haberte cogido a una casi niñita?, para nada, al contrario, te sentirías el más chingón de los galanes. Tal vez nunca sabrías que te habías cogido a tu hija... y todos contentos!, no? Pasaría algo?, claro que no. Te irías al infierno, suponiendo que creyeras en él? por supuesto, no. Entonces?, dime, dónde quedaron las limitantes y las prevenciones?, aún suponiendo que en esa cogida suplantando a una amiga no existente me hubieras embarazado, pasaría algo?, claro que no. Tendría un niño que, de acuerdo a los convencionalismos para designar a los parientes, sería a la vez tu hijo y tu nieto, no sería verdaderamente colosal? Entonces, papacito lindo, te vas a coger a tu niñita? Si todavía tienes trabas, te vendo los ojos y piensa, supón que es esa compañerita de escuela a quien acaricias, besas, chupas, mamas y coges. Dime, me permites darte un chingo de besos? Digo palabrotas porque sé que estas te aceleran, te calientan pues... seguido te escucho pedírselas a mamá...
La interrumpí, me daba un formidable pretexto para eludirla... aunque no estaba muy convencido de que se retractara de la propuesta, propuesta y visión de la divina embarazada, me tenían súper caliente, muy, muy excitado; de todas formas, argumenté:
- Eso, eso... no te sientes mal por... traicionar a tu madre!, haciendo que yo le sea infiel?
- No es mi pretensión, digo, si vamos a romper las reglas, esta que mencionas es una menor que, además, estoy segura, la has roto en varias ocasiones, lástima que no fuera conmigo; además, seguro también tiene sus aventuras [risas]. Por otro lado, si nuestras cogidas - porque no creas que será solo por esta ocasión, para nada, quiero continuar cogiendo contigo hasta que los dos ya no podamos hacerlo por estar demasiado viejos... o muertos! - van a continuar, pues... veremos las formas de comunicárselo a mamá y, si logramos convencerla, bueno, pues cogemos los tres. Te juro, también deseo besar a mamá, y no como hija cariñosa, sino como mujer hecha y derecha. Sí, no te escandalices, esto de que las mujeres, y los hombres claro, no pueden coger entre ellas, es otra de las patrañas, esas vaciladas que se han inventado contradiciendo la naturaleza y lo que sucede todos los días miles, millones de veces, aunque esté tan terriblemente prohibido, no es cierto lo que digo?
La verdad, mi hija, lectora incansable, estudiosa de todo, presunta filósofa, me tenía anonadado, bastante perplejo por los alcances de sus propuestas, ideas, deseos y apetencias. Además, cuando argumentaba, imaginé escenas de amor, bueno, de cogidas, no tengo razón para ser tan cauto, tan "educado" cuando mi hija es una desbozalada, de cogidas tremendas entre los tres, y... carajo!, imaginar a mi mujer y mi hija cogiendo entre ellas, me puso febril, quemaba. Y ya mi hija, sonriendo lujuriosa, coqueta y decidida, daba la vuelta al escritorio; estaba sentado, toma mi cabeza, la atrae hacia su cuerpo sin fuerza, dándome oportunidad a negarme o a levantarme, o correr a la puerta huyendo. En ese momento mi real resistencia, sin haber digerido los certeros planteamientos de mi retoño, estaba definitivamente derrotada. Así que, sin pensar en nada, viendo la hermosa chichita hinchada y prieta en areolas y pezones, tensa por la leche que se formaba en su interior, abrí la boca y... la chichita fabulosa de mi hija entró a mi boca. Fue el principio de la tremenda cogida que ese día dimos... padre e hija! Claro, con la chichi en mi boca, mis manos se fueron a las nalgas que tantas veces imaginé duras, tersas, y las apreté, acariciándolas con fuerza. Sentía a mi hija gozar, se estremecía, además decía, "así papá, así, mamas divinamente, muerde mis pezones, saca la lechita de mis chichitas, papacito, mama, mama" Enseguida, jadeando, gimiendo su placer, me levantó, y comenzó a desvestirme con calma, gozando cada uno de sus lentos movimientos, besando cada centímetro de piel que iba apareciendo, mordió mi remedo de pezones, lamió mi tórax cual perra, sus manos siguieron con el cinturón; bajó los pantalones sin dejar de lamer la piel. Yo tenía, bueno, desde que la vi entrar encuerada y con la panza reluciente tenía la verga cual riel de ferrocarril, la erección continua, incólume. Cuando la verga saltó porque le faltó el sustento de los estúpidos calzones que las reglas nos han obligado a vestir, la tomó en sus manos, la acarició con suma ternura recorriendo la piel para descubrir la cabezota; tremenda verga cabezona, la verdad; se embelesó contemplándola, viendo, pelando la cabeza, admirada de las gotas de lubricante que el ojos tuerto dejaba salir, después se agachó echando para atrás su culo fabuloso, con lo que mis dedos que estaban por allí, se metieron entre las nalgas en esa fabulosa barranca que va desde el culo hasta la pucha, y mi dedo índice se solazó acariciando el culito de la bella hija que Dios me dio, bueno, besó la verga; esperaba que se la metiera a la boca, pero era, es, una caprichosa inteligente que desde ese día - no sé antes, me dijo que no correspondía a una casi niña, en un primer momento, meterse cínicamente la verga a la boca. En realidad lo hizo así, para aumentar mi calentura, el deseo hirviente de tener las caricias posibles con esa formidable hembra que es mi bella hija. Meneó las nalgas de tal forma que mis dedos extasiados gozando en la barranca de los agujeros de las mujeres, tuvieron que caminar hasta adentrarse en la tremenda humedad que era la pucha de mi bello retoño. Mis dedos acariciaron las ninfas gruesas de mi hija, llegaron al clítoris y lo sobaron con cuidado, con ternura, esa caricia detonó el primer estallido de mi seductora. Jadeó, gritó su orgasmo, suspiró anhelante, y me levantó para llevarme hasta una silla sin brazos y me obligó a sentarme; después de besarme con largueza a lengua penetrante y lujuria danzante. Mi verga palpitaba cual verga de caballo garañón. Se separó poco para solazarse con la visión de mi fusil presto a dispararse, cosa que adivinó por mi mirada anhelante, presa de gran agitación. "Aguanta, papacito, aguanta", me dijo la muy cabrona. Enseguida, las chichis en mi boca para continuar mamándolas, hasta las mordí, incluso algunas gotas de leche pude extraer, así de fuerte las estaba mamando y chupando. Sentí que sus piernas tocaban las mías y las obligaban a cerrarse, percibí de reojo que avanzaba tanto como la panza y mis mamadas se lo permitían, para lograr sentarse sobre la gran verga apuntando al cielo por eso apuntaba también a la preciosa pucha de mi hija embarazada; sentí la humedad, antes de ser perfectamente sensible a los labios primero, y después a las paredes de la vagina, mientras mi verga iba metiéndose y metiéndose en la caverna del placer. Sin parar, sin permitir que sus tetas salieran de mi boca, mi adorada empezó a moverse con un vaivén increíble dada la gran panza que chocaba a cada movimiento con mi tórax, mi verga era la beneficiaria de los ricos, lascivos movimientos. Las nalgas iban y venían, mi verga quería vomitar, por eso mis manos se fueron a las nalgas sin igual de mi hijita, para moverlas acelerando el compás que la niña había implantado. Cuando estalló, mi eyaculación venía presurosa; de nuevo mi hija malvada, alucinante y sabia sexual, se levantó rápido, bruscamente. Emitió gritos orgásmicos junto con gritos de dolor porque el ponerse de pie mi boca lastimó su chichi plena, soberbia, terriblemente tensa preparándose para la lactancia. Emitiendo grititos, suspiros, jadeos, gemidos de perra en celo, sin tener en cuenta mi estado de febril agitación, de casi furibundo deseo de obtener el placer de esta tremenda e inesperada cogida, se sentó en el escritorio, y dijo: "Ven papacito lindo, ven cogedor incansable, ven a mamarme la pucha, mama mucho, mama hasta que me hagas morir de placer" No podía dejar de obedecer. Me agaché, abrió los muslos lujuriosos; percibí el olor extraordinario de sus genitales, estilaban jugos, seguramente incrementados con los míos. Puse la boca en su pucha, suspiré, sonreí feliz, luego besé repetidamente esa sagrada pucha de mi hija, para enseguida meter la lengua hasta recorrer los recovecos de la rica gruta monumental por su belleza, sabor y olor, mismos que absorbí como sibarita del placer, de la mamada misma bebí sus jugos, saboreé sus ricos líquidos, y me dediqué a besar, lamer, chupar y morder su clítoris crecido por tanta excitación. Puedo afirmar: desde que mi lengua se metió a la pucha-raja, los orgasmos de mi hermosa cogedora se hicieron permanentes. Los movimientos de sus nalgas siguiendo el ritmo de mis mamadas me hacían desear como loco estímulos en mi verga de burro. Y otra vez ella, tal vez comprendiendo mi desatino, dijo: "Ven papacito, ven... pon tu verga en mi boca, no dejes mi ciénega pucha, hagamos el 69 de fábula por favooooorrrrrrrrr", había tenido un nuevo orgasmo cuando hice lo pertinente para cumplimentar los deseos de mi ama. Ni tarda ni perezosa, en cuanto tuvo a mano la gran verga, la acarició con sus dos manos, y luego la besó como preámbulo a la gran mamada que inició de inmediato, al mismo tiempo hacía más violentos, casi feroces los movimientos de sus nalgas para lograr que mi lengua la llevara de nuevo al Nirvana del placer sexual. Los estremecimientos de esas nalgas, los gemidos que emitía, los movimientos de su boca en mi enorme verga, hicieron que mi eyaculación se precipitara, grité loco, como alguien al que se está torturando sin misericordia, grité y grité mientras aventaba chorros y chorros de leche a la boca de mi retoño que la tragaba mientras emitía grititos velados por el grosor de la verga que en ningún momento intentó sacarse de la boca. Como la emoción del placer me paralizó, mi lengua dejó de moverse, no las nalgas que continuaron los movimientos aún más veloces; así fue, mientras terminaba de eyacular, ella mantenía su orgasmo inmenso, intensísimo, se prolongaba con los movimientos febriles de sus hermosas nalgas. Por primera vez, los grititos, los gemidos, los sollozos y los movimientos de las nalgas de mi hija cogedora, amainaron, se fueron haciendo más y más lentos, hasta detenerse. Minutos después, sacó la verga de su boca, e inició una risa inacabable, diciendo que los orgasmos fueron de fábula, maravillosos, mientras descendía dejando mi cuerpo tirado en el piso, vino a besarme con ternura, para luego meter en mi boca restos de semen que degusté con gran placer, increíble, tanto que mi verga inició el nuevo despertar. Sus labios continuaron besando, la lengua lamiendo jugos que había recogido de su pucha estrecha y muy, muy anegada. Lamía y lamía mi rostro, sonreía llena de felicidad, y me susurraba: "Te amo viejito, te amo... y sigo deseándote. Ven, métete otra vez... por favor, métete!", y se colocó boca abajo sobre el escritorio poniendo a mi alcance sus preciosas nalgas, el surco fabuloso el culito sonrosado, y la pucha llena de pelos. Mi verga ya estaba de nuevo como brazo de santo... la apunté directo en el culo, pero ella protestó moviendo las nalgas para que la verga fuera al lugar que quería, a su portentosa, caliente, tersa y estrecha vagina. Se la metí de un golpe; suspiró, y se reía diciendo, "métela, métela, viejo cabrón!", claro, los movimientos de mete y saca se iniciaron para el gran placer de los dos. En esta ocasión ella gemía a cada embestida, movía las nalgas de una deliciosa manera, de una forma que nunca había visto que unas nalgas se movieran cuando mi verga está metida en la vagina. El mete y saca se prolongaba, ella tomó mis manos que jalaban de sus ingles y las llevó hasta sus tetas duras, tersas, ella misma hizo que mis dedos aprisionaran los pezones y luego los pellizcaran con fuerza; gritó de dolor, también como presagio del nuevo y potente orgasmo; después hizo que mis manos tomaran la gran panza y de allí la jalara a cada metida de verga. Las manos fueron hasta atrás tratando de alcanzar mis nalgas pero solo una logró asirse de mi muslo para jalarlo, para que las metidas fueran más intensas, profundas y a mayor velocidad. Sentí que el orgasmo de mi adorada hijita se prolongaba; gocé; disfrutaba al máximo deteniendo mi inminente eyaculación con el pensamiento de prolongar las metidas, y más el orgasmo de mi hija, la visión extraordinaria de esas nalgas moviéndose y viniendo a golpear repetidamente mis muslos, mi vientre y mis huevos, ver la enrome verga entrar y salir de esa pucha llena de pelos, y sentir de excitante manera la panza con el producto moviéndose como si también estuviera cogiendo. Estaba por eyacular, cuando gritó: "para, para...!", se desprendió, jaló con brusquedad y me llevó a la silla, para montarse sobre la verga que sentí se fue hasta el fondo de la vagina; luego, febriles movimientos de sus nalgas, los suspiros, sus gemidos, jadeos increíbles, ella jaló mi cabeza para que mi boca mamara sus preciosas chichis de embarazada, las mamé como loco sintiendo que mi verga era estrujada por la pucha, por la vagina de mi adorada, la panza chocando con mi tórax, panza que veía arrobado y más caliente me ponía. El orgasmo, apenas suspendido, siguió y siguió aun después que mi verga vomitó el semen dentro de la maravillosa gruta del placer, y continuó moviéndose evitando con lujuriosos movimientos que mi verga se doblegara. Siguió gimiendo, gritando como loca a cada intensificación de su permanente orgasmo por un tiempo increíblemente prolongado, sin que mi verga se doblegara, para mi asombro, seguía erecta, llena de sensaciones placenteras, donde las primicias de la eyaculación duraron eternidades para presentarse, y eso cuando el cansancio, la intensidad y prolongación del placer de mi adorada cogedora iniciaron el retroceso. Cuando eyaculé, gritó fuerte por el orgasmo que esa hermosa sensación de sentir el choque de los chorros de leche en su vagina le produjo. Dejó caer su cabeza en mi hombro jadeando y jadeando, como si hubiera corrido kilómetros y kilómetros.
Cuando nos serenamos, los besos tiernos suplieron la febril agitación, los movimientos lúbricos que los dos habíamos sido pródigos en dar y recibir. Acaricié su espalda, sus nalgas, su rostro, sus chichitas, separando un poco su torso. Mi verga estaba aún en la vagina, lánguida, flácida, conservando algo de las dimensiones de la erección. Se levantó, y me levantó. Me acostó sobre el diván, y se montó sobre mi cuerpo diciendo: "Quiero que goces mi pucha llena de mecos, tu semen encantador... sin lubricidades agregadas, sale?", y se reía feliz. Así lo hizo, Talló su pucha contra la piel de mi cuerpo, todo mi cuerpo. Yo sentía que era una expresión de agradecimiento y de confirmación del deseo de continuar en las cogidas maravillosas que ese día iniciamos mi hermosa hija y yo.
La llevé a su cama. Me acosté junto a ella besándola suave y tiernamente, acariciando lo que mis manos alcanzaban hasta que se durmió con una gran sonrisa en los labios.
Esta es la historia, historia que se continúa hasta la fecha. Pronto vendrá mi nieto. Ojalá que después... mi hija siga amándome como mujer..., bueno, mi esposa es ahora activa partícipe de las atenciones a nuestro nieto y también... de las cogidas monumentales que la familia en pleno se prodiga a cada noche, pero cómo sedujimos a mi maravillosa y bella esposa es materia para otro relato que pronto les enviaré.
Mi E mail: lindacacho69@hotmail.com


Ultim actualizacion el Lunes, 21 Abril 2008 por admin
  
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Comentarios ( 4 ):

15 Jul 2008 janire
a stado bn i mal

a sido mu largo

peo ami too eso m pone mu cachonda

encima coji kon mi ermana

mmmm k riko

le desvirge io i m desbirgo el

bueno pos eso

chau
6 Jun 2008 jos2gonmon
tiene una lectura muy larga no me gusta
25 Abr 2008 marco antonio
Biggrin bueno les dejo mi correo para si algun dia se les pfrece algo asi soy chico moreno de 19 años de jalisco mex atotonilco el alto vivo en calle granado no.3 colonea hermita de lourdes c.p. 47750
mi cel es 045 3310274124
25 Abr 2008 marco antonio
es la historia mas grande que he leido me gustaria algun dia poder formar parte de se clan claro con cobsentimiento de ustedes
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