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Fecha: Miercoles, 30 Abril 2008 « Anterior | Siguiente » en Amor Filial

Apéndice nasal

Anonimo
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Mi complejo juvenil por mi nariz más larga y abultada que el promedio fue superado exitosamente con la ayuda amorosa de mi tía Julia.
Tenía 21 años. Había logrado ingresar a la universidad y era el orgullo de mis padres y hermanos. Y yo también estaba orgulloso, aunque no envanecido pues sabía que sería duro y el fracaso rondaría. Éramos 9 hermanos de una familia obrera y mi logro era celebrado en todo el barrio. Y también por mis tías, que vivían en barrios distantes, pero que siempre estaban enteradas de nuestras cosas.
Era verano y llegaron a visitarnos por dos semanas unas primas de que vivían en otra región. Alojaron donde las tías, pero nos veíamos casi a diario. Todos éramos jóvenes alegres y dispuestos a divertirnos ese verano. Con Ester, una de mis primas visitantes de 18 años, surgió una inmediata atracción entre nosotros. Fue una semana de loca pasión y enamoramiento entre ella y yo. Momento que se nos ofrecía a solas y buscando un rincón aislado, saciábamos nuestras urgencias manoseándonos, masturbándonos y culeando desesperados; en el césped, apoyados en alguna cerca, en el baño, etc. Una de mis tías, llamada Julia, de unos 40 años, viuda, donde se alojaba esta prima, decidió intervenir en nuestro romance alegando no era apropiado entre primos. Era la tía más joven, bonita sin ser hermosa, pero con un cuerpo muy bien conservado, quizá por su prematura viudez. Esta tía Julia no escatimaba elogios para mí, por mi inteligencia, por mi esfuerzo, por mi dentadura y por mi aspecto sano y deportivo. Era mi principal admiradora entre mis familiares. No nos visitábamos mucho, pero cuando coincidíamos, sus caricias en mi cabeza y sus besos en mis mejillas eran abundantes y muy cálidos y agradables.
Desde pequeño yo sentía un cierto complejo pues mi nariz es un poco larga y algo abultada en la punta. Y si bien trataba de no atormentarme por eso, no dejaba de molestarme cuando alguna broma sobre mi nariz surgía entre mis amigos y amigas. Salvo con mi tía Julia. No perdía ocasión de acariciar y elogiar mi nariz, a veces acompañando con húmedos besos en la punta. Al principio me cohibía y molestaba. Pero a medida que crecí, ya lo tomaba como una caricia especial para mí y el complejo desaparecía cuando estaba con ella. Y a medida que crecía, mayor era la atracción que mi nariz ejercía sobre esta tía. Y un día de esas semanas de pasión y sexo de urgencia con Ester, mi tía Julia se me acercó en un momento en que me encontraba solo lavando vajillas en su cocina. Ester y los demás, habían salido esa mañana y no regresarían hasta la hora de almuerzo. Mi tía Julia, montepiada, pasaba todo el día en las labores de su casa, sin mayores problemas económicos. Sin hijos, algunos pollos y un gato acaparaban sus atenciones. Eran las 9:30 de la mañana y mi tía Julia llegó a hasta mí envuelta en una bata de seda muy ligera y recién salida de la ducha. Pasó su mano por mi cabellera, me dio un beso en la mejilla y las consabidas caricias en la punta de mi nariz:
- Carlitos, debes hacerme caso. No es bueno que sigas esta aventura con Ester.
- AA¿Por qué tía? No veo nada malo. Estamos enamorados.
- AA¡Es calentura, hijo! Porque tú eres caliente, AA¿no?
Y al decir eso, sus ojos brillaron y sus mejillas se ruborizaron.
- Pero, tía, soy joven y tengo derecho a pasarlo bien. No se me ponga envidiosa, tía linda.

Se me acercó y pude apreciar que bajo su bata, que modelaba sus formas muy bien conservadas, no llevaba nada puesto, por el pequeño bultito de sus pezones bajo la bata. Tomó mi nariz muy suavemente, me la besó en forma húmeda como no la había hecho antes, lamiendo la abultada punta mientras una de sus rodillas rozaba la parte interior de mi muslo derecho.
- AA¿Y si tuviese envidia, maE?hijito, qué podría hacer Ud.?
- No lo sé tía.
Mientras sentía que su respiración en mi cara y el roce de su rodilla, más acentuado cada vez, me empezaba a inquietar, excitándome.
- Lo sabe, maE?hijito, pero no se atreve con su tía que lo quiere mucho.
Y se apegó a mí, apretando sus pechos sobre mi brazo derecho y metiendo su pierna, con la bata entreabierta, entre las mías rozando con su muslo suave y turgente, el bulto que se había formado en mi entrepierna. Giré la cabeza para mirarla y entonces sus manos suaves por la crema untada luego de la ducha, tiran muy suave de mi cabeza mientras su boca húmeda y caliente empieza a succionar, con lamidas intercaladas, mi nariz, casi ahogando mi respiración. Sorprendido y excitado, sintiendo ya una fuerte erección de mi pene, la quise apartar con mis dos manos, pero ella, con un movimiento de su torso logró que mis dos manos se apoyaran sobre esos dos senos de pezones erectos, tibios y duros bajo su bata. Sentí un escalofrío y dejé mis manos allí, mientras ella, lamiendo ávidamente mi nariz, bamboleaba los hombros para que mis manos pudieran sentir esos senos en todo su esplendor. Decidí seguir el juego para saber hasta dónde llegaría mi tía Apreté suavemente su dos senos, y con mis dedos jugueteé con sus duros pezones, arrancando cálidos suspiros de su boca sobre mi cara. Me besó la boca en forma hambrienta permitiendo que yo pudiera saborear su caliente y jugosa lengua dentro de mi boca, mientas se enroscaba y trataba de llegar a todos los rincones de mi boca. Jadeaba mi tía. Su cara roja de excitación. Su muslo refregaba mi pico por sobre el jeans en forma circular, presionando en cada vuelta, logrando una erección que casi me dolía. Con lo ojos entrecerrados me dijo, jadeante y con voz entrecortada

- A¿Ahora se atreve maE?hijito?.

Decidí atacar y llegar a donde quisiera llevarme mi tía. Desanude la bata y, entreabriéndola miré su cuerpo. Nada bajo la prenda. Los dos hermosos senos turgentes con sus pezones negruzcos desafiantes, un vientre plano para su edad, con unas anchas caderas que terminaban en unos muslos entreabiertos y bien formados. Un pubis semi levantado cubierto por rizado vello negro, me subyugó la vista, sintiendo un escalofrío y sudoración en el rostro. Deslicé mis manos aún húmedas con la lavaza del lavado de vajilla por sus hombros, acariciando fuertemente sus pechos, tirando algo de ellos para acercarla y chupar esos pezones que me llamaban. Mientras chupaba sus tetitas, bajé mi mano derecha por su cintura, manoseando su vientre has llegar a su vulva ardiente y ya húmeda. Le acaricié su vulva, mientras emitía gemidos de placer. Mi mano izquierda, había bajado por su espalda y acariciada con fuerza sus redondas nalgas, sintiendo como un calorcillo surgía de esa abertura entre su glúteos, como un aliento embriagante que me invitaba a beberlo. Mi boca dejó sus pezones para seguir lamiendo su vientre aproximándome a su vulva, mientras mis dos manos amasaban sus nalgas. Mi cabello largo era un revoltijo por la acción frenética de sus manos. Con un respingo, ella me tomó del pelo, levantando mi cabeza, y me dijo.
- No, eso no. No me haga eso, hijito. Nunca me han hecho eso.
Yo ya estaba lanzado y su débil resistencia me calentó definitivamente. Con fuerza liberé mi cabeza de sus manos y antes que ella pudiera retroceder, tomándola muy fuerte de sus nalgas, metiendo mis dedos en la ardiente canal inter glúteos, hundí mi ávida boca en su entrepierna. Corcoveó, gritando AA¡No!, pero su cintura ya estaba contra el lavaplatos y no tenía escapatoria.
Liberé sus nalgas y con un fuerte pero suave tirón de sus piernas, la dejé semi inclinada hacía atrás con su espalda contra el lavaplatos, el pubis levantado y con un camino expedito a esa zorra hambrienta, caliente y húmeda. Chupé sus labios cubiertos de negro vello. Mi lengua se abrió paso entre ellos hasta llegar a sus labios menores, escarbando con la punta, buscando el botón mágico de su clítoris.
Ya no se resistía. Poco a poco entreabrió más las piernas para facilitar mi lamida. Un jugo cálido y muy oloroso brotaba de su concha. Me lo bebí todo, saboreando su leve acidez. Chupé y lamí su clítoris profusamente, mientras ella gritaba y se retorcía de placer. Decidí avanzar más. Me giré para quedar de espaldas, afirmando mis manos en sus muslos entreabiertos para seguir chupando su concha teniendo a la vista su culo con las nalgas apretadas por el goce. Ella se semi sentó, con lo que sus nalgas se relajaron permitiendo observar su ano que hacía aEoechinitosaE? (se contraía y se relajaba convulsivamente)
Y entonces, mientras lamía su zorra, mi nariz recorría ese suave y caliente camino entre la vagina y el ano. Hasta que la punta bulbosa de mi nariz rozó esa oscura aureola rugosa que rodeaba ese ojo maravilloso. Sentí su quejido y contracción de placer. Y la punta de mi nariz empezó a escarbar hasta introducirse en ese agujerito, sintiendo que con sus contracciones lamía a su vez mi calluya.
Mi tía había alargado una mano inclinándose sobre mí y me tenía agarrado el pico, apretando, pero sin masturbarme, como no sabiendo qué hacer con mi penca. Y la presión de sus dedos sobre mi pico evitó que eyaculara por la tremenda excitación de saber comiéndome a mi tía. Ella se deslizó hasta quedar de rodillas sobre mí y sentí su cálida lengua lamer mi violáceo pico atrapado entre sus apretados dedos. La brillante cabeza del pico parecía que iba a estallar entre los labios de mi tía, mientras mi lengua se hundía en su vagina y mi nariz jugaba en el vestíbulo de su ya relajado y hambriento ano.
Mis manos volvieron a su trasero urgando con mis dedos esa ardiente canal. Con la yema del dedo mayor hice círculos muy suaves. Ella apretó muy fuerte las nalgas, en señal de placer desconocido y algo de pudor. No retrocedí. Untando mi dedo mayor en su mojada zorrita, volví a ese maravilloso y blando agujerito crispado por el placer y la sorpresa. Acaricié y presioné sobre ese agujerito hasta que sentí que cedía, entre suspiros entrecortados de mi tía, cuyo cuerpo se retorcía sobre el mío. Mientras, mi lengua seguía ansiosa su juego con el clítoris.
- AA¡Cómeme entera, mi amor! AA¡Hazme gozar, maE?hijito!AA¡Culéame! Gritaba ella, loca de calor y gozo.
En dos oportunidades, yo había sentido una inminente eyaculación ante el placer de ver gozar a mi tía. Logré contenerme, desviando un poco mi mente de ese momento glorioso de sentir estar poseyendo a todo dar a mi tía. La sentí acabar cuando la punta de mi dedo mayor penetró en su ano. Fue una acabada casi infartante. Le faltó el aire, se estremeció, lloró a gritos y se aferró a mis piernas, para finalmente, quedar flácida sobre mí, sin soltar mi penca, la que siguió lamiendo hasta que las convulsiones de mi eyaculación bañaron con ardiente semen su rostro. Y quedamos tendidos uno al lado del otro, jadeantes y sudados.
Ella pronto continuó con su lamido de mi pene hasta lograr una nueva erección para continuar gozando. Muy sumisa, la hice apoyarse sobre sus antebrazos en el suelo, con lo que su trasero quedó levantado y a una inmejorable altura. Lamí su espalda mientras ella se estremecía. Acaricié nuevamente sus nalgas y sus pechos. Parece que estaban muy sensibles luego de su acabada por lo que pidió que solo le acariciara las nalgas. Me puse detrás de ella y empecé a lamer sus nalgas y mordisquear alrededor de su canal inter glúteo, la que tenía empapada de sudor. Con las manos, entreabrí esa canal caliente y mi lengua empezó su juego en los bordes rugosos de su ano. Eso la descompuso, apretando las nalgas.
La sujeté fuertemente y empecé a comerme su ano introduciendo mi lengua en ese maravilloso agujero, penetrándola lo que más podía con ella. Sentí el sabor agridulce de algún resto de feca, pero no me detuve y seguí culeándomela con la lengua hasta que sentí nuevamente todo su fuego caliente por sexo.
Ella apoyó los hombros en el suelo y con sus dos manos abrió sus nalgas para ofrecerme el completo esplendor de su ano hambriento de pico. Escupí sobre la cabeza del pene y rápidamente se lo clavé en su aún semi abierto anito hasta que mis cocos golpearon sus nalgas. Y la galopé frenéticamente mientras ella gritaba entre dolor y placer desenfrenado.
Acabamos juntos esta vez, casi hasta la inconciencia. Las contracciones de su ano mientras acababa y las convulsiones de mi penca mientras eyaculaba en su interior, hicieron que ese clímax mutuo se prolongara hasta casi doler. Yo aferrado a sus tetas y ellas agarrada a mis nalgas para que no se le escapara mi pene de su desflorado anito. Allí quedamos, jadeantes, sudados, las pelvis empapadas de jugos vaginales y semen derramado. Y algunas fecas bañadas en semen entre las piernas de mi tía. Su goce había sido tal que no fue capaz de controlar su esfínter mientras acababa.
Llorosa y suspirando, quizá avergonzada o con sentimiento de culpa, rápidamente se limpió y me lavó profusamente el pico con agua tibia, conmigo tendido de espaldas sobre el piso.
Tendida completamente sobre mí, comenzó nuevamente a lamer y succionar mi nariz anunciando un nuevo orgasmo de su parte. Y allí, entregada, poseída y sorteadas todas las barreras, mi tía Julia me confesó:
- SiemaE? preaE? seaE? me ocurrióaE? que te aE? chupaba elaE? pico cuandoaE? te la besaba, maE?hijito.

- Y acabamos de inventar el 70, tía. El 69 más mi nariz en tu culito.

Cuando más tarde llegó Ester bulliciosamente con mis otras primas, no se explicaba mi desgano con ella. Cómo explicarle mi temblor de piernas y mi torpeza de manos, luego de esa tremenda culeada que nos dimos con la tía Julia.
Dos días después, Ester volvió a su casa y a mi tía no la volví a ver durante años. Nunca más posó sus labios sobre mi larga y abultada nariz. Y nunca más sentí complejo por mi calluya, que buen trabajo ha tenido en estos años.


Ultim actualizacion el Martes, 6 Mayo 2008 por admin
  
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Comentarios ( 2 ):

6 Jun 2008 samynet26
Que significa al final de las palabras aE, no sabes que esos extrangerismos se ven mal en los relatos,a tte samynet colombia
5 Jun 2008 Arturo
muy bueno
0 %

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