
La primera parte de la fiesta se fue entre cervezas y convivió con la gente que asistía a la fiesta de comunión de las niñas.
Como sabrán el sexto sentido de una mujer es muy agudo y la mirada de Santa esposa de Carlos no me dejaba ni un momento de ver, aunque Carlos trataba de no echarse de cabeza levemente me dedicaba miraditas y uno que otro besito de lejos.
Su hermano se me pego mucho un chico más joven que él, sin embargo, para mi no había otro que Carlos, en eso volteo y el me hizo una seña le seguí sin que se diera cuenta nadie.
Me tomo de la mano y me llevo a su cuarto, nos dimos unos besos muy deliciosos me subió la minifalda hizo de lado mi tanga el libero su pené estábamos en su cama cogiendo cuando grita su mujer al pie de las escaleras “Carlos en 5 minutos es la partida del pastelâ€
Paramos en seco, se cambió de ropa y yo mientras tanto arregle su cama y me arregle y baje y trate de que no me viera ni la madre de él ni su mujer, después de unos minutos el ya estaba con Santa y sus hijas partiendo el pastel.
Así transcurrió la tarde, uno a uno de los invitados se fue retirando y el me dio una servilleta que esperara, no sabía el porque pero tiempo después Santa quedo bien perdida en la bebida y el la subió a su cuarto.
Ya estaba muy entrada la noche y sus hijos se fueron a la casa de junto (están sus padres de él) quedamos solo el y yo... que suerte. En la sala Carlos me dijo cuanto he deseado este momento y nos besamos.
Nuestras caricias eran continuas y nuestra lucha por despojarnos de la poca ropa que nos quedaba era desesperada, hasta que, como dos locos, nos pusimos en pie y mutuamente nos quitamos las últimas prendas, hasta quedarnos completamente desnudos. El pené de Carlos estaba excitado al 100%. Al sostenerla entre mis dedos él no pudo evitar emitir un pequeño gemido y le dije sssss se va a despertar tu mujer el sólo sonrió... no soy tonto le di una dosis para dormir, sonreía y le dije que me cogiera.
Le empujé sobre el sofá, quedándose tumbado y con su precioso pené apuntando al techo. Me arrodillé sobre el piso a su lado y frente al palpitante pené y con mi lengua recorrí toda su longitud, desde su base hasta la punta mientras de reojo observaba como él cerraba los ojos en síntoma claro de lo bien que lo estaba disfrutando. Lo siguiente fue chuparle los testículos, con la lengua, con los labios, incluso mordisqueándolos con mis dientes. Luego me metí en la boca, lentamente pero hasta casi llegar a mi garganta y comencé a mamarlo con todas las ganas. Mis manos se agarraban a sus caderas y mi velocidad iba en aumento como si aquella mamada fuera lo último por hacer en mi vida. Me pidió que parara y que fuéramos a la habitación de su hijo.
Una vez ahí y al tumbarme y recibir de inmediato la lengua de Carlos en el interior de mis muslos creí entrar en el paraíso del placer. Recorrió mis piernas hasta que llegó a mi vulva, allí se desbordó, trabajando afanosamente con sus labios y su lengua. Lo hacía maravillosamente y mi cuerpo sentía todo el placer del mundo. Me importo poco que fuese tan descarado y tener a su mujer drogada a un lado mientras que lo que es de ella yo lo tenía.
Cambiamos de posición el recostado y yo por montarle, me senté sobre Carlos, tuve que acallar mis gemidos, que gusto era sentirlo tan adentro. Abrí mi boca para que la lengua de ese hombre se introdujera a jugar con la mía, quería tener todo lo máximo de él... sentirle plenamente.
Que pené más rico… Carlos… que delicia - repetía yo
Es toda tuya preciosa, disfrútala.
Empecé a subir y bajar continuamente por su pené que me arrancaba gusto tras gusto logrando hacerme estremecer de placer con cada embestida. Salía hasta casi la punta para volver a dejarme caer y sentirla completamente. Era increíble el gusto que me estaba proporcionando aquel momento. Teníamos sexo con desesperación, nos besábamos, nos acariciábamos y gemíamos sin importarnos que nos podían escuchar sus padres.
Nuestros cuerpos desnudos sudaban, en eso Carlos comenzó a acariciar mi esfínter con sus dedos sin dejar de introducir su miembro en mi sexo ni de besarme apasionadamente, consiguiendo que mi cuerpo se dejara llevar relajadamente.
Una vez trabajada, coloqué mi culo frente a su cara que sentado desde la cama lo toqueteaba, lo mimaba lentamente y lo lamía con su lengua mientras separaba mis nalgas, Carlos cuidaba cada detalle y lo considero un buen amante, por que sabe como tratar a una hembra fogosa como yo y yo no soy nada tonta como su mujer. Mientras que su pené se abrió paso sin problema, me agarraba por las caderas y observaba como la lubricación se hacía perfecta, arrancándonos más y más placer.
De pronto Carlos se agarró a mis senos y mantuvo su pené bien adentro, cuando de pronto, los primeros chorros de su leche bañaron mi agujerito posterior. Varias embestidas más y varios espasmos daban lugar a una corrida monumental por su parte. Y yo me sentía dichosa y así continué sintiendo como me mojaba la entrepierna aún más.
Él me abrazaba por detrás y terminamos exhaustos, puso la alarma a su celular, no nos habíamos dado cuenta ya eran como las 4 de la madrugada. La puso a las 5:30 para irme a dejar al metro para irme a mi casita. Dio la hora media adormilada me fui a mi casa feliz de la vida de tener un buen amante.
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