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Fecha: Jueves, 14 Mayo 2009 « Anterior | Siguiente » en Dominacion

Una transformación

hyperionidas (hyperionidas@hotmail.com)
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Este es el relato de cómo mi obsesión por mi vecina derivó en mi sometimiento a su dominante marido.
Me llamo Alex y tengo 34 años. Desde hace dos años vivo en un chalé en un pueblo de las afueras<br />
de Madrid. Tengo por vecinos a un matrimonio joven. Ella... es una mujer de bandera.<br />
Y él... es un tipo que impone. Un enorme especimen de macho ibérico que por ser lo<br />
que es no se merece otra hembra sino la que tiene.<br />
<br />
Y aquí intervengo yo, pues de esta historia que os voy a contar, una lección he aprendido:<br />
no desees a la mujer del prójimo cuando ese prójimo es superior a tí en todas las condiciones:<br />
superior físicamente y superior como persona.<br />
<br />
Resulta que no tardé sino lo que fue llegar a mi nueva casa en volverme loco por esa mujer. Como<br />
hombre que soy, las mujeres me vuelven loco, y así ocurrió con mi vecina. La veía todos los<br />
días, por las tardes, ocuparse de su jardín. Siendo una mujer de bandera, y siendo ella misma<br />
consciente de su posición, no dudaba en vestirse de la forma más provocativa posible, incluso<br />
cuando simplemente se dedicaba a regar sus plantas. Y yo... yo no era yo cuando la veía... con<br />
esa bata corta y ajustada al cuerpo mientras se afanaba en sus caseras tareas.<br />
<br />
Os aseguro que mi polla nunca estuvo tan tiesa como cuando la veía agacharse en su jardín, con<br />
esas sandalias que dejaban ver unos adorables arcos de pies, al tiempo que la bata se ajustaba<br />
aún más a su cuerpo, dando a mi vista el goce de una inexplicable sensación de lujuria que nada<br />
podía aplacar.<br />
<br />
Es así como decidí que esa mujer había de ser mía. Sí, amigos, yo quería poseer a esa mujer,<br />
quería gozar con ella y que ella gozara conmigo. De modo que me hice ver, y cada vez que ella<br />
salía a su jardín, yo me asomaba a la ventana sin discreción alguna, de modo que conseguí que<br />
ella, esa tarde, se fijara en mí.<br />
<br />
AA¿Cuál fue su reacción cuando me vió? Algo que me dejó pasmado: me sonrió. Pero no con una<br />
sonrisa de vecino a vecino.. Esa sonrisa era algo más, esa sonrisa quería decir algo más. Me<br />
sonrió y al mismo tiempo era como si dijese: "te gusto, AA¿verdad? pues... AA¿a qué esperas? AA¿qué<br />
haces ahí pasmado si sabes que puedes tener algo más que un recreo visual?".<br />
<br />
Y esa sonrisa de aceptación, esa sonrisa que decía: "ven, ven ya, no tardes más", fue el comienzo<br />
de mi perdición. O de mi transformación. Esa sonrisa, ahora me doy cuenta, actuó sobre mí como<br />
el agujero negro que absorbe la materia, y toda ella absorbió mis neuronas, mi vida misma, <br />
aún sin hacerme cargo de lo que en ella se escondia y de las consecuencias que se<br />
derivarían de todo ello.<br />
<br />
Yo sabía que su marido no volvía a casa hasta medianoche, aún tenía muchas horas por<br />
delante y no lo dudé. Presto me arreglé y salí derecho a su portal. Yo estaba como poseído, como<br />
loco, me dejaba llevar, no sabía cuál sería su reacción, simplemente pensé que era "ahora o<br />
nunca", así que ahí me tenéis llamando al timbre de la casa de mi vecina. Fue entonces cuando<br />
supe su nombre: Noemí. Así es como aparecía en su buzón: "Noemí M.N.", y debajo: "Carlos F.F."<br />
<br />
Pero para mí en ese momento no existía el tal "Carlos". Todo giraba alrededor de esa impresionante<br />
mujer que ahora sabía que se llamaba Noemí.<br />
<br />
AA¿Qué es lo que yo esperaba de esa precipitada acción? No os lo puedo decir; quizás simplemente<br />
entablar un contacto, que poco a poco, como quien no quiere la cosa, me acabaría conduciendo al<br />
objetivo final, a saber, poseer a esa mujer. Quizás pensaba -alocada idea, propia de alguien que se<br />
encuentra en un estado de enajenación libidinosa como el mío en aquel momento- que ella saldría<br />
a recibirme con la misma actitud receptiva que tenía unos momentos antes, que así como me<br />
ofreció su sonrisa también me ofrecería su cuerpo sin mediar más parlamentos.<br />
<br />
Mas nada de eso sucedió. Al poco rato de estar yo llamando, ví asomar por debajo de la puerta<br />
una cuartilla con una nota. Aún la conservo, y es esto lo que pone: "Hoy es mal día. Vuelve mañana<br />
a las ocho de la tarde."<br />
<br />
Podéis imaginaros el tembleque que me entró. "AA¡Loado sea Dios! AA¡Esta mujer será mía! Bien... no<br />
podrá ser hoy... pero mañana... AA¡por Cristo, sí, mañana! AA¡Mañana será mía!"<br />
<br />
Así es como regresé a casa entre la frustración de no haberla poseído ese día y la emoción de<br />
poderla poseer al día siguiente. Lo que entonces yo no imaginaba es el pequeño adarme que puede<br />
haber entre poseer y ser poseído, entre tomar y ser tomado, entre usar y ser usado. Entre ser un <br />
hombre y ser una marioneta.<br />
<br />
Os podéis imaginar que apenas dormí esa noche. Mis pensamientos todos se dirijían a un único<br />
punto fijo: Noemí. Nada más me importaba, nada más podía distraerme entonces. Como un zombi<br />
fuí al trabajo. Como un zombi trabajé, como un zombi volví a casa. Sólo entonces reparé en que yo<br />
no tardaría en tirarme a mi vecina, y quién sabe, quizás incluso podría convertirme en su amante.<br />
Me duché, me afeité, me vestí y me metí pal cuerpo un buen vaso de coñac mientras esperaba que<br />
dieran las ocho.<br />
<br />
Y dieron las ocho.<br />
<br />
Y aquí me tenéis, ahora, delante de su puerta. Sé que no hay vuelta atrás. La deseo y será mía. AA¡Y ella<br />
me desea también! Si no, AA¿por qué esa cita preparada de antemano? Está claro, la muy zorra<br />
debe estar cansada del musculitos de su marido. Yo no tendré esos músculos pero no todo es<br />
músculo, de otra manera no me hubiera citado, vamos, eso está claro.<br />
<br />
Tomo aire como para darme fuerzas y llamo al timbre. Al instante me abre Noemí. Y fue no más verla<br />
y quedar yo patidifuso. Ante mí tengo una mujer mil veces más hermosa que cuando la<br />
veía, tantos días, desde mi ventana, cuidando de su jardín. Si entonces ya era despampanante con una simple<br />
bata de andar por casa, ahora me la encuentro de punto en blanco, con un vestido de noche, de una<br />
sola pieza, super corto, super ajustado al cuerpo, mi mirada sin quererlo va de sus largas piernas a su<br />
provocativo escote, todo en ella es sexy a más no poder, desde el maquillaje que embellece unos<br />
ojos y facciones de por sí adorables hasta las sandalias de tacón de aguja que muestran sus pies<br />
en todo su esplendor.<br />
<br />
-Pasa, vamos pasa... -de nuevo esa sonrisa que se ofrece como la miel a al osito-. Tenemos mucho tiempo<br />
hasta que venga mi marido, ve al salón y acomódate, yo ahora mismo estoy contigo.<br />
<br />
A partir de ahora, todo lo que recuerdo hacer, y no recuerdo todo lo que hice, es automático. Entro en<br />
su salón y como un robot me siento en el sofá. Apenas lo hago, entra ella.<br />
<br />
-Tienes una carita dulce, AA¿sabes? No estés nervioso, AA¿vale? Me gustan los chicos obedientes y espero<br />
que tú lo seas -a cada palabra su expresión es más seductora, más... morbosa, pero un morbo <br />
que, considerado fríamente, está fuera de lugar... La veo salir del salón, y para mí pienso que algo <br />
no está yendo como debería, pero sigo con mi pose a la vez alerta y relajada,<br />
acepto lo que me dice y espero.<br />
<br />
Mi cabeza está perdida en mil pensamientos distintos, no puedo decir cuánto tiempo ha pasado, pero<br />
ahora mi pensamiento está vuelto a un único punto, de la nebulosa de ideas y sensaciones paso a la<br />
más real de las pesadillas: delante de mí aparece Carlos. No es posible y, sin embargo, ahí está. No<br />
puedo entender nada, pero lo real es esto: Carlos, a quien siempre he visto a lo lejos, ahora lo tengo<br />
delante de mí. Un hombretón, todo músculo, fuerza y decisión en su semblante mientras me mira. Y<br />
me sonríe, pero no es la sonrisa de Noemí. Es una sonrisa burlona. Y lo que me dice me hace comprender.<br />
He caído en una trampa, no sé bien aún el objeto de la misma, pero está claro que me ha pillado, aunque<br />
yo aún nada he hecho.<br />
<br />
-Menudo mierda que tengo en mi sofá -me dice mientras me mira fijamente.<br />
<br />
-Yo... perdona... yo... lo lamento... creo que me voy a ir...<br />
<br />
-AA¿Que te vas? AA¿Pero a dónde crees que te vas? -y se ríe histriónicamente mientras me suelta una tremenda<br />
bofetada que me tira del sofá al suelo-. AA¿Tú crees que después de venir a mi casa con intenciones de<br />
tirarte a mi mujer te puedes ir así como el que no quiere la cosa?<br />
<br />
Aparece ella detrás de él. Le dice algo al oído y el asiente. Yo intento incorporarme, a duras penas, pero<br />
el me pone un pie en el cuello y me dice:<br />
<br />
-Quiero que te desnudes, mierdecilla. AA¡Te vas a enterar de lo que es bueno, cacho perra!<br />
<br />
En mi vida he sentido una fuerza, un poder, como el que Carlos me impone. No puedo resistirme. Se que esto<br />
va a acabar mal, pero al mismo tiempo se que soy su presa, y lo que es peor, que no puedo resistirme. Voy a<br />
hacer lo que me dice, sí, será lo mejor. Me quito la ropa y les veo reirse entre ellos, a mi costa supongo, ella<br />
le besa, le besa con pasión, parece orgullosa de él, y no es para menos. Ahora que le veo de cerca, me hago<br />
cargo de que no es un hombre cualquiera: es un pedazo hombre que me tiene en su poder y me mira con<br />
lascivia. Sé lo que me va a hacer. Por primera vez soy consciente del juego que se traen entre manos. Y algo<br />
en su mirada, en su actitud, en su pose, me hace seguirle la corriente y obedecer en todo lo que me dice. Aunque<br />
no me resisto, me vuelve a abofetear mientras me quito la ropa. No entiendo, pero aun así, no opongo resistencia. Que<br />
sea lo que Dios quiera. Perdón: que sea lo que Carlos quiera. Ya estoy desnudo y ahora las risas entre ellos<br />
se doblan. Sí, está claro, se ríen a mi costa. Y bien pensado, no es para menos: a su lado soy un mindundi.<br />
Estoy de rodillas, estoy desnudo, en esta casa con estas personas a las que no conozco. Mientras Noemí se<br />
sirve una copa y se acomoda, Carlos se está quitando también la ropa. De mis ojos caen lágrimas, porque<br />
sé lo que va a pasar y no tengo fuerzas para oponerme, ni para gritar, ni para nada. Han ganado, Carlos ha<br />
ganado. Y no es para menos. AA¡Cómo he podido infravalorar a este tío! AA¡Cómo he sido tan ciego! <br />
<br />
Oh Dios... Carlos está desnudo de pie frente a mí. Y me quedo boquiabierto. Es un menda enorme, nunca he visto tan cerca<br />
de mí un tío en pelotas, y menos un tío como este. Es el verdadero prototipo de lo que todas la tías buscan<br />
en el cuerpo de un hombre. Bien formado, grande, como las estatuas griegas, una máquina poderosa, una<br />
máquina que se acerca a mí. Pero lo que me deja boquiabierto en realidad es su falo. Es enorme, y a la vez, es hasta<br />
bonito. Es una polla como las que he visto tantas veces en las pelis porno que me descargo para hacerme unas pajillas.<br />
Pero ésta está delante de mí y ahora sé lo que va a hacer, me va a follar, sí, me va a follar a mí. Yo, que venía aquí con la presunción<br />
del follador voy a terminar follado. Carlos se sienta a mi lado, me empuja contra el suelo, yo me recuesto en la alfombra, y<br />
veo venir hacia mí ese cuerpo enorme. Oh, Dios, pesa mucho, pero al ser tan grande reparte todo su peso sobre<br />
mi cuerpo, me tiene aprisionado. Con un movimiento lento pero decidido me separa las piernas con las suyas<br />
propias. Su falo lo noto encima de vientre, me abarca todo el vientre, es increíble. Debe estar cachondo, porque<br />
lo noto húmedo. Lo empieza a bajar y me deja un rastro de fluido en mi tripita. Sí, lo noto, como noto una lágrima<br />
que asoma por mis ojos, lágrima de impotencia, la lágrima del perdedor, lágrima que no llega a lloro, que se agota<br />
en sí misma. Tengo su cara justo a un palmo de la mía, y le veo sudar, su rostro está ahora crispado, está<br />
haciendo esfuerzos por introducirme la polla en mi culo, le está costando. Normal, yo nunca he sido penetrado,<br />
mi culo es tan virgen como la inocencia que me impulsó a creer que podría llegar a algo con su mujer. Siento<br />
dolor, mucho dolor, cada vez más, pero no digo nada, no hago nada, no puedo hacer nada. Creo que la ha metido<br />
toda, porque ahora se ha parado, sí, y me duele menos, creo que está quieto. Debe estar disfrutando del <br />
momento. El disfrute del macho dominante que monta a un presunto rival. Es la naturaleza misma del hombre y del animal. El fuerte domina al<br />
débil. Por primera vez veo a Noemí que se levanta del sillón, tiene algo en las manos... Vaya, es una cámara. Por<br />
eso se ha parado Carlos. Estan sacando un primer plano de la escenita. Noto mi culo lleno de su polla, muy lleno. Es una<br />
sensación extraña. Ahora no me duele como antes. Me pasa algo raro. Estoy acojonado, pero al mismo tiempo<br />
estoy teniendo una erección. Una enorme erección. El lo nota y se rie como complacido, se lo dice a Noemí y<br />
ella se dispone a hacer otra toma, él bien apretado contra mi cuerpo, bien dentro su polla de mi culo, al tiempo que<br />
mi propia polla está dura como un palo. Ahora Carlos empieza a besarme la cara, y el cuello. Me gusta. Nunca<br />
lo hubiera creído, pero estoy sintiendo más placer que el que nunca tuve con ninguna mujer. Mi polla esta a<br />
reventar. Mientras la suya me revienta a mí el culo. No puedo evitarlo y estoy gimiendo. Creo que me podría hasta correr, aún sin<br />
estar masturbándome, es increíble.<br />
El se da cuenta y se para. Parece que quiere prolongar el tema. Vuelven los besuqueos y ahora yo los respondo. Le miro<br />
a los ojos fijamente, veo su cara y me parece tremendamente atractivo. No sé a qué atribuir mi erección: si a la<br />
vigorosa penetración a la que estoy siendo sometido, si al contacto con su piel, con su boca y con su lengua, o si<br />
a la simple visión de su persona haciéndome el amor.<br />
Le estoy lamiendo las mejillas mientras el me muerde el cuello. Me gusta su sabor, huele mucho a hombre. Tengo<br />
una conciencia extraña de que estoy sintiendo algo muy parecido a lo que sienten las mujeres cuando son<br />
penetradas. Le abrazo y abro la boca buscando su boca, su lengua, quiero sentir como me llena también<br />
la boca, pero el no me besa, en lugar de eso escupe dentro de mi boca un buen chorro de saliva que yo<br />
paladeo y trago con sumo gusto. Ahora ya no lo puedo evitar, el sabor de su saliva me pone fuera de mí. Y eso, junto<br />
con el frotamiento de su dura tripa contra mi polla mientras me folla, hace que me corra. Me corro como en mi vida<br />
lo hice antes. Estoy gritando, igual, lo mismito que una tía. No me lo puedo creer. No me acabo de creer que<br />
esto sea real. Pero lo es. Carlos está tan cachondo como yo, se va a correr también. Va a sacar su polla para<br />
echármelo todo en mi cara, pero yo me aprisiono a él con firmeza con brazos y piernas: quiero que se me <br />
corra dentro. Quiero notar esa sensación, tan cotidiana para las mujeres, de un chorro de esperma corriendo por el<br />
interior del cuerpo. Por primera vez parece atender mis deseos y lo hace al cabo de una serie de potentes empullones: se desborda en mi interior y yo noto<br />
un calor agradabilísimo recorriendo mis entrañas. Le veo la cara de gusto y me parece hermosísimo, me siento<br />
como una mujer desvirgada. Tengo la certeza de que partir de ahora y para siempre perteneceré a ese hombre.<br />
Ya no hay vuelta atrás. Aparte que tampoco quiero que haya vuelta atrás. <br />
<br />
La enorme mole del cuerpo de Carlos se incorpora soltando perladas gotas de sudor que caen sobre mi cara, y<br />
me dice:<br />
<br />
-Te has portado muy bien. Ahora tendrás tu premio: puedes lamerle los pies a mi mujer. <br />
<br />
***<br />
<br />
Ya hace dos años de todo esto. En estos dos años he estado yendo casi a diario a casa de Carlos y Noemí.<br />
Con el conocimiento mutuo y la confianza, hemos sofisticado nuestras relaciones. Yo ahora me pongo ropa<br />
de mujer para hacer el amor con Carlos, a veces incluso me maquillo y he adoptado poses típicas de las mujeres<br />
en mis encuentros con él.<br />
Me siento orgulloso de ser el amante de Carlos y mi felicidad radica en satisfacer plenamente todos sus<br />
caprichos, por muy depravados que estos puedan llegar a ser. Durante los primeros días, debo confesarlo, le seguía teniendo miedo. Pero ahora puedo decir cabalmente<br />
que le quiero. Ya no es sólo sexo. Me siento seguro a su lado, cuando me abraza, cuando me duermo a su lado con la<br />
cara sobre su pecho y le noto respirar. Cada uno tiene un lugar en la vida y tengo muy claro cuál es mi lugar<br />
al lado de un hombre como Carlos: servirle y obedecerle. Así como ante los grandes hombres, los pequeños se<br />
vuelven más pequeños aún, yo ante Carlos he sacado toda mi parte femenina y día a día la sigo potenciando.<br />
No en vano ha dejado de llamarme por mi nombre de pila. Ahora soy Sussy para él. Así consta en el tatuaje que me hice<br />
ayer como regalo de cumpleaños para mi hombre: un corazón con nuestros nombres, Susana y Carlos.<br />
<br />
Este relato es también un regalo para tí, Carlos. Porque eres lo mejor de mi vida y por muchas vejaciones<br />
que me hagas te seguiré queriendo y cada vez más. Para tí, Carlos, porque te amo. Estoy enamorada de tí.<br />
<br />


Ultim actualizacion el Domingo, 17 Mayo 2009 por admin
  
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Comentarios ( 1 ):

20 Ene 2010 FABIANDA
Me encanta tu relato yo a pesar de ser hombre he sido sometida varias veces por hombres y es muy placentero, pero tu relato me hace acordar, a una vez que yo entable una relacion con un travesti, pensando en penetrarlo , y termine siendo penetrada por el.
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