
Una Dormitada<br />
La noche me tomó de sorpresa en el centro de la ciudad. Estaba nerviosa por la oscuridad reinante, no es que fuese una “boca de lobo†pero me intimidaba la soledad y el silencio que imperaba. Se me aceleró el corazón y yo aceleré el paso. Oía ruidos por todas partes. Un ruido que jamás mis oídos habían escuchado antes me hizo estremecer de pavor, al no saber qué era lo que me estaba acechando entre las sombras. Desaceleré mi zancada, y parapetada entre los árboles de aquella pequeña plaza, me acurruqué y me dispuse a esperar y descubrir qué y de dónde venía el ruido. <br />
Desde hacía tiempo se comentaba historias sobre supuestos hombres violadores nocturnos y que se aprovechaban de la nocturnidad para cometer sus fechorías. <br />
No se si mis padres me decían la verdad pero siempre me recordaban los hechos aumentándolo un poco. Que si eran unos degenerados que disfrazados cometían los delitos. Recuerdo que has hablaban de extraterrestres. Yo tomaba mis precauciones pero de verdad que no le prestaba mucha atención. Hasta mi instructor de artes marciales me recomendaba tomar en cuenta todos aquellos consejos. Mi instructor, Julio, no paraba de recriminarme la poca atención prestada durante mi entrenamiento para la nueva competencia. <br />
Pero hacía poco tiempo que era integrante del equipo elite de competencia, y aun no terminaba de confiar en mis habilidades adquiridas como atleta. Me habían llegado rumores de los comentarios de que era la comidilla de nuestro grupo, pero aún así no cesaba de entrenar todos los días desde el atardecer hasta las nueve de la noche. Por eso me encontraba en aquella situación noctámbula. Se decía que me costaba tanto rematar a mis oponentes. <br />
Aún me preguntaba que había visto en mi Julio para haberme asignado aquella responsabilidad en el equipo. Porque su respuesta todavía resonaba vacilante en mi mente dispersa, "Te elegí por tus ojos, están llenos de vidaâ€. Entonces, caí en cuenta, mi instructor, estaba enamorado de mí, me amaba. Según mi parecer y el de mí familia, Julio había incurrido en una importante violación de la norma que regía la disciplina deportiva y de la institución. Este hecho ponía en riesgo la integridad y cohesión del grupo.<br />
Julio sabía que se enfrentaba a una sanción si nuestra relación era descubierta. En más de una oportunidad estuvimos en peligro, se desesperaba cuando llevaba puesta mi malla de hacer ejercicios. Sabia que se me marcaba lo abultado de mis entrepiernas y que decir de mi culo era una protuberancia que no dejaba indiferente a nadie, eso lo atormentaba. En más de una ocasión le vi inflado el bulto en su bajo vientre, tanto que en algunas refriegas de algún ejercicio me restregaba aquel músculo largo, grueso y duro. <br />
Aunque al principio mis sentimientos hacia él eran los que una hija podría tener hacia su padre, desde hacía unos días un sentimiento extraño estaba anidando en mi corazón ausente de vida. No podía definirlo como amor, pero estaba claro que sentía algo por él, y la sola idea de imaginar aquello dentro de mi, me inquietaba morbosamente. Aquella tarde me vine precisamente en malla y una pequeña faldita me cubría las caderas. Era conciente de que un hombre no tendrá mucha dificultad desnudarme y hacer con migo lo que quisiera. Las piernas me temblaban, pero era debido al exceso de ejercicios, Julio y yo habíamos extremado la rutina, pero había sido mas por repetir la rutina en que me tomaba por la cintura y pegado a el me hacia girar. Allí era cuando se encontraban nuestros sexos, primero de frente y después me hacia girar y me atacaba por detrás. Claro que había sentido su urgencia larga, dura y gruesa. No era indiferente, sentía lo mojada en mi entrepiernas, tal vez un poco de sudor, pero mucho…mucho de mi secreción íntima. <br />
Terminamos y ambos nos separamos ocultando cada quien sus urgencias. El tomo hacia las duchas e imaginé que iba a descargar en el baño, yo me vestí tome el morral y me vine. <br />
Inmersa en estos pensamientos mi acechador hizo acto de presencia por mi izquierda. Sobresaltada por la rapidez de sus movimientos, y la agilidad mostrada en su ataque directo a mi trasero, me hicieron temer lo peor. Pero la forma en que agarró mis caderas demostraba que era experto. Pero aquella noche no estaba dispuesta a fallar a mi instructor. <br />
Esquive con un salto lateral el primer zarpazo, pero en el lance deje mi faldita y parte de mi malla y al instante me di cuenta que su arma era de carne era larga, dura y gruesa.<br />
No es que no me resistiera pero mucha oposición no hacia. Reconocí su perfume. Sí era él. Sentía su urgencia y yo personalmente también. Terminó de bajar mi malla y me sostenía firmemente por detrás. Sentía que su arma quería entrar. Su rostro rozó el mío y como pude le dije que era virgen. Su agitado cuerpo lo hizo con mas aceleración me dijo tranquila…tranquila. Tomó mi mano y la colocó en su miembro. Aquello apenas lo podía rodear con mi mano, mientras su mano me acariciaba mi abombada vulva, sintió mi humedad, tanto así que tomó mi líquido juntó con su saliva y me embadurno la entrenalgas. Me relajé -pues parece que iba por la retaguardia-, entreabrí y empiné mi trasero al tiempo que ensalivaba el redondel de su larga, dura y gruesa arma cárnica. Dolió pero fue diestro para completar toda la introducción sin que no dejara de sentir satisfacción y gusto por aquella primera penetración. Nos temblequeaban las piernas, inclinada y apoyándome en un árbol el empujo…empujo fuerte y frenéticamente. Ahora, aquello largo, duro y grueso, iba y venía suavemente humedecido por la saliva que agregaba cada cierto tiempo. Cada vez que lo hacía se retiraba suavemente y sentía como salía su arma, la aceitaba y comenzaba nuevamente el recorrido, eso me gustaba.<br />
Cuando sus testículos golpeando mis nalgas significaba que todo estaba dentro. En una de esas ocasiones fue cuando sentí cinco fuertes y potentes chorros de su secreción masculina. Un escalofrío me cruzó la espalda, y sin dudar ni un momento así…así mi querido, te siento … te siento mi amado Julio. <br />
Sentí que me estremecían por el hombre al tiempo que Julio me decía: <br />
- Laura…Laura… despierta es tarde…vamos que te llevaré a casa.
jaja k padre tener un mastro asi... yo kiero uno
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