
Trabajo en una empresa financiera importante. Hace un año me tocó asesorar a un conocido, joven y apuesto deportista. El hombre, interesado en conocer las opciones que se le presentaban, se tomó su tiempo en conocerlas. Y eso hizo que se las explicara en detalle. La cuenta era importante porque se trataba de un deportista en el final de su carrera, con ahorros con varios ceros y en dólares. Lo visitaba en su casa. Finalmente conseguí la cuenta. A los tres meses lo visité con excelentes resultados, habida cuenta de la crisis del sector. Eso hizo que me recomendara a otros. A los seis meses, le llevé un nuevo reporte que daba cuenta de excelentes resultados. Contento me invitó a comer y tomar unos tragos. Hacía calor, fuimos a la vera de la piscina de su residencia. Era soltero, con novia, pero vivía solo. Le dije que no podía quedarme mucho tiempo porque había quedado en cenar con mi esposa. Me pidió que la invite y le dije que no era posible porque celebrabamos una fecha especial. Me dijo que de seguro festejaba el ascenso por los buenos resultados obtenidos con su cuenta y con los amigos que me había recomendado y cuyas cuentas tambíen había tomado a mi cargo. Le dije que sí. Que le debía esas finezas. Me miró fijo mientras bebía su cerveza. Yo de terno y corbata, el, con slip de baño. "Ok, puedes irte hoy. Pero la próxima semana vendrás a comer a casa con tu mujer. Quiero conocer a quien cuida de mis activos y quiero que lo haga con total devoción.", me dijo. "Acepto la invitación. Y ten la seguridad que tus inversiones son lo más importante que manejo", fue mi respuesta.<br />
"Entonces, bésame los pies, que gracias a ellos tienes que administrar", fue su sorpresiva respuesta. Tumbado en una reposera, levantó displicentemente un pie. Un pie masculino y perfecto. Bien cuidado, no grande. Fue inmediato. Me arrodillé a sus pies y los besé en el empeine. Sin decir una palabra me puso las plantas de su pies en la cara y no tuvo que aguardar. Primero mis labios y luego mi lengua y mi boca se ocuparon de sus pies enteros. Mientras le chupaba los pies, sonreía y disfrutaba. "Preparate, me los vas a besar delante de tu mujer", fueron sus últimas palabras.<br />
No sabía que pensar. Había disfrutado intensamente de chuparle los pies. <br />
A los tres días me llamó a la oficina y me reiteró que estaba invitado a cenar a su casa. Y que no olvidara lo que le había dicho.<br />
Decidí no decir una palabra. Que fuera lo que deba ser. <br />
Si les interesa seguiré
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