
Salí de la casa de mi cliente muy perturbado. Me había encantado adorar sus pies. Pero me aterraba la idea de la cena con mi esposa. No en vano, como verán. Llegué a la casa, cogí a mi esposa y fuimos a cenar. Conversando sobre las actividades, durante la cena, le comenté que había estado en la casa del famoso deportista. Y le conté de los éxitos y la invitacion a cenar. Aceptó encantada. Le dije que menos mal porque se trataba de alguien bien imperativo y ella respondió: "Alguien acostumbrado a que lo obedezcan.".<br />
No contesté nada. Pero recordé la escena y tuve un sexo fantástico esa noche.<br />
Decidi aguardar a que mi cliente me contactara. Por si se olvidaba de la cena. Pero mientras tanto mis fantasías crecian.<br />
Efectivamente, envió un mensaje de texto diciendo que me esperaba en dos días en su casa. Cuando llegué a la residencia, debi esperar un buen rato. <br />
Cuando llegó, no le hizo falta hablar. Su mirada lo decía todo. Me arrodillé, le saqué los zapatos y las medias. Besé, lamí y chupé cada centimetro de sus divinos pies. Y, cuando se cansó, me dijo: "Te espero el lunes, con tu mujer. Y prepara tu lengua."
Nombre
Comentario