
Más de una vez hemos fantaseado al caminar por la calle y ver a una hermosa niña llevada de la mano de su padre o de quién sabe quién, ya sea su padrastro, su tío o de quien nos antojemos imaginar: de un suertudo como Héctor o Superlokoo, a uno de los cuales un buen día le han hecho cargo de cuidar a su sobrinita nalgona de 7 años o a la vecinita rubia que acaba de cumplir tres lindas primaveras. Pero nos imaginamos siempre ir más allá y pensar que esa niña que vemos caminar meneando su lindo trasero la llevaremos directo a la cama, a nuestra íntima habitación de pedófilo para dar riendas sueltas a todos las fantasías y locos deseos acumulados por años, esperando tenerla a nuestro merced.<br />
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Mis fantasías con Liza comenzaron cuando ella recién cumplía los cuatro años, ya que me acababa de mudar en un apartamento de estudiante, justamente detrás de la casa de Liza, frente al patio trasero y medio solitario donde ella acudía a jugar y a corretear, y frecuentemente a bañarse desnuda bajo la llave del lavadero, cuando su madre se ocupaba en otros quehaceres de la casa.<br />
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La habitación de mi apartamento estaba separada por una pequeña verja del patio, donde podía apreciar a la niña viéndola bañarse toda desnuda bajo la llave restregando su linda conchita enjabonada y mostrando su voluptuoso y hermoso trasero rosado, como cerdo engordado.<br />
Generalmente acudía a bañarse después de su llegada de la escuela. Al principio mis acechanzas se producían a través de la persiana que dejaba entreabierta para cuidarme de no ser visto y observar cómo se agachaba a tomar el jabón, con la suerte, a veces, de tenerla de espalda frente a mí durante largo rato, mostrando por detrás la visión enloquecedora de toda su conchita pelada, bajo el robusto trasero de cerdo que me enloquecía día a día, o se abría de piernas, totalmente aplastada, mostrando toda su vulva rosada, como manzana lujuriosa, donde podía apreciar el tierno y hermoso clítoris que brotaba de su coño como lengua candente y embravecida, llenándome de las más salvaje de las lascivias y de los más desenfrenados de los deseos. con aquella muñeca real de carne y hueso, imaginándomela esclava de mis antojos, ya sea atada en una cama o masturbándola sin cesar en la bañera. Tenía la suerte de verla ratos enteros en poses que me enloquecían y llenaban mi mente de las más locas lujurias. Y así, ante aquella visión alucinante de Liza, oculto en la oscuridad de mi cuarto, me masturbaba de manera incesante, sintiendo mi verga entrar y salir del voluptuoso trasero, o metiendo a la fuerza mi verga en la conchita apretada y pelada, a punto de explotar de gusto. Tuve la osadía, muchas veces, de robarme las braguitas sucias que dejaba colgada sobre la verja, empapadas del olor de su sexo de niña, a flor de piel. Esperaba algún momento de distracción de Liza, salía fuera y tomaba cautelosamente las braguitas sudadas de sus afanes en la escuela, ya en mi cuarto, me metía en la cama y empezaba aspirar una y otra vez, como en éxtasis, el olor celestial emanado de su rajita húmeda, pintada en la braguita, así podía disfrutar de ese olor indescriptiblemente enloquecedor que fluye del coñito prohibido de las niñas. Podía apreciar en las bragas de Liza las elucubraciones del día expulsadas de su vagina infantil y podía sentir con la lengua el sabor salado de su clítoris, encendido de lascivia. <br />
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Así pasaron los días, y como ya existía cierta confianza de amigos con los padres de Liza, la niña podía ya percatarse, sin pudor alguno, de que yo la observaba en alguna esquina de la verja, apreciando así, más de cerca, el irresistible color rosado de su piel. Con enferma ansiedad, ahora podía distinguir más de cerca la vulva apretada y pequeña, en lujurioso ángulo entre sus piernas y que dejaba entrever el clítoris que brotaba de los labios mayores como lengua endemoniada que provocaba la más loca y desenfrenada de las pasiones. Así se exhibía aquella visión real-alucinante ante mis ojos de loco, desorbitados de deseo. En tanto, ella me miraba de forma extraña, como imaginando mi exaltada curiosidad al ver su cuerpo menudo e infantil como objeto de deseo. Como en trance, sin dejar de mirarme, con los ojos extremadamente abiertos, se abría de piernas totalmente, dejando al descubierto toda su intimidad, mostrando con mayor amplitud los labios menores y una vez más el lujurioso clítoris, ante mis ojos fuera de órbita y mi rostro lleno del rubor del loco deseo de tan solo tocarla. Afilaba lujurioso de locura mis ojos de lobo sediento hacia aquella rajita, separada por estrecho margen del hermoso y cochino ano de cerdo de Lisa, que parecía. Uff, ya mis calcetines rebosaban de baba brotada de mi verga sedienta. Imaginaba ésta metida en su culo rosado en medio del trasero rspingón de marrana gorda. En ocasiones mis ganas llegaban al límite, ya que sin reparar en que la seguía mirando con ojos de loco atormentado, de repente empezaba tocar su clítoris enrojecido, por el placer y la sensación de sentir brotar la orina que de golpe empezaba a emanar a choros del hoyito quisquilloso de la uretra, justo por debajo del clítoris que se mostraba nueva vez como lengua endemoniada y burlona dentro del coñito abierto, por encima de la boquilla sedienta de placer de la impuber vagina, luego, podía ver el hoyito de la uretra contrayéndose sin cesar, por el placer de haber sentido aquella sensación natural, a la vez que pequeñas gotitas se resbalaban jugueteando por la hendidura de su estrecha rajita virginal, hasta llegar al ano encantado. Sin poder aguar más las ganas me deslizaba a mi cuarto para observarla por la persiana entreabierta y en ímpetu incontrolable de deso alcanzar en convulsiones enormes la corrida bestial.<br />
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Ya al cabo de algunos meses, la confianza se hacía más fiable entre yo y los padres de Lisa, al punto de que un buen día planeaban salir en viaje de negocios hacia Miami dejando a Liza a mi cuidado por unos días en su casa. Aquella noche entera fue de desvelo, planeando todo con incontrolable emoción, llenando mi mente de las aberraciones más inimaginables con la pequeña Liza. En la mañana tendría que llevar a Liza a la escuela. Luego pasaría a buscarla la niñera encargada para tal fin y la tendría a su cuidado toda la tarde, para luego entregarla a mi tutela en casa de Liza a prima tarde, sin percatarse en nada de mi pasión escondida por Liza, no imaginándose siquiera del cúmulo de mis lujuriosas fantasías de pedófilo con la pequeña hija de Silvia y Florencio, que ya afloraba los cinco años. En esos días, por suerte, y a sabiendas de los padres de Lisa, había llegado el tiempo de vacaciones en la universidad, sin haberme imaginado, meses antes de mudarme en mi apartamento de estudiante de Pediatría, que aquella tarde solitaria cualquiera, al fin, sin poderlo creer aún, tendría a mi merced a la niña rubia y nalgona de mis sueños. Aquella noche, apenas pude descansar un poco, pero sin poder conciliar en lo más mínimo el sueño reparador que me daría nuevas energías para poder disfrutar la primera y soñada noche de pasión con Liza, tanto que para poder controlar un poco la avasallante emoción, en pleno desvelo de alucinaciones con el coño y el trasero de Liza, tenía que pegarme a la persiana entreabierta para observar la casa majestuosa y el patio silencioso, que tantas veces había sido testigo de mis acechanzas y aquellas imágenes enloquecedoras del cuerpo de Liza.<br />
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( cont.) 2da. parte
Es la primera ves q lo leo
y me pareció horrible q un
tarado ande fantasíando
con una niña.....
Es la primera ves q lo leo
y me pareció horrible q un
tarado ande fantasíando
con una niña.....
Si publicah este relato, por que no publican el mio... "Caperucita Rota" ya la hice crecer hasta los 20 años
Mira enfermo hijo de puta, parece que no leistes bien el reglamento de esta pagina, donde dice que los relatos no deben ser de pedofilos ni que incluyan sexo con niños. Perdona lo que te voy a decir, pero la mayoria de los que leemos estos relatos somos cabrones,putas,de todo lo que puedas pensar, pero tenemos hijos y no nos gusta que una bestia como tú ande teniendo fantasias con nuestros niños y menos una niña de cuatro añitos. Ojalá te encuentres en el camino un negro de 7 pies con una verga descomunal y te rompa el culo y te mande para el hospital a ver si te gusta y te vas para el carajo con tus fantasias de mierda. "Beyaco".
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