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Fecha: Jueves, 15 Julio 2010 « Anterior | Siguiente » en Gays

En la carcel

Anonimo
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De cómo pasar una temporada en la cárcel te ayuda a ver a otros hombres con otros ojos...
Mi nombre es Pedro y soy contable. Tengo novia, o mejor dicho, tenía. Lo que yo no sabía hace poco es que todo iba a cambiar para mi. Conseguí un trabajo en la empresa de mi tio, de contable. Ya sospechaba que mi tío Javier no se dedicaba a negocios limpios, pero aún así seguí trabajando allí durante un par de años. No era inocente, al poco me di cuenta que la empresa era una tapadera y que mi trabajo se basaba, principalmente en lavar el dinero sucio. Pero la vida me sonreía, entraba dinero en mi bolsillo, y me había echado una novia despampanante a la que le gustaba chupármela cuando estábamos solos. AA¿Qué más se podía pedir?<br />
<br />
Hasta que llegó la policía. En un abrir y cerrar de ojos me acusaron de encubrimiento y de actividades criminales. Yo intentaba ganar tiempo, pero estaba muy pillado. Me ofrecieron inculpar a mi tío, pero esas cosas no se hacen, así que para vengarse de mi me llevaron directamente a la cárcel y me dijeron que allí me arrepentiría, una vez que me abrieran el culo bien abierto. La verdad es que éso casi me convence, pero también sabía que mi tío tenía muchos contactos, para lo bueno y para lo malo. Si lo denunciaba, iba a terminar yo en el fondo del río, de alimento para los peces. Si no lo hacía, pasaría un par de meses a lo sumo en la cárcel. Las opciones estaban claras...<br />
<br />
Cuando me dejaron en mi celda los guardias se reían mucho. No me extrañaba. Mi compañero en la celda era un tipo enorme, con una barba de tres días y con músculos y tatuajes por todas partes. <br />
<br />
- Te lo vas a pasar de puta madre Pato. Está tiernecito - le dijeron los guardias.<br />
Pato, mi futuro compañero por el tiempo que durara mi estancia en prisión apenas esbozó media sonrisa y ni se movió de la cama donde estaba sentado. Los guardianes se fueron y allí me quedé, en la puerta sin atreverme a hacer nada.<br />
<br />
- Pasa hombre. Me llamo Ricardo, pero todos me llaman Pato. Siéntate y cuéntame algo de ti.<br />
<br />
Tímidamente avancé un paso, pero no había sitio donde sentarse, o bien al lado de él en la litera de abajo, o bien subía a la litera de arriba. Pero Ricardo me hizo señas para que tomara asiento al lado de él, y no me atreví a rechazar el ofrecimiento.<br />
<br />
Poco a poco le empecé a contar mi historia. Me miraba con su media sonrisa, y directamente a los ojos. Medio se rió cuando le conté que tenía novia y que me había jurado que me esperaría a que saliera.<br />
<br />
- No te ofendas chaval, pero éso dicen todas. A mi también se supone que me espera mi mujer, pero sé de buena tinta que se está tirando a medio vecindario entre tanto.<br />
<br />
Sus palabras la verdad es que me hicieron ver la realidad. Paula, mi novia, no aguantaría mucho sin tener a alguien cerca. Y AA¿por qué iba a esperarme?, al fin y al cabo nadie sabía que sería de mi al salir de allí.<br />
<br />
- Pero no te preocupes - me dijo Ricardo acercando su rostro - Éso no quiere decir que no nos podamos divertir a nuestra manera.<br />
<br />
De pronto, sentí su boca sobre la mía. No pude evitar sentir una sensación de asco en un principio, mientras su lengua se abría paso en mi boca. Su aliento sabía a tabaco, a Ducados negro, y su barba me raspaba la piel. Aún así, no hice nada por evitarlo. La verdad es que estaba muy asustado.<br />
<br />
- Tranquilo - me dijo - No nos ve nadie, AA¿ves?. Ya es de noche y nadie nos va a molestar.<br />
<br />
La verdad es que no me tranquilicé. Más bien al contrario. Miré asustado cómo se quitaba la camiseta, los pantalones y los calzoncillos, quedando al descubierto un torso musculoso y tatuado, así cómo un pene grande y muy enhiesto.<br />
<br />
Se sentó otra vez al lado mío y de nuevo metió su lengua en mi boca. Ésta vez tomé una decisión. Si no había remedio, intentaría jugar a su juego, y después me gastaría mi dinero en un psicólogo intentando olvidar aquello. Así que le dejé hacer, y mi lengua empezó a jugar también con la suya. Mientras, Ricardo me fue desabotonando la camisa, y cogiendo mi mano la posó sobre su pene.<br />
<br />
Era la primera vez que tocaba un pene que no fuera el mío, y no sabía muy bien qué hacer con él. Lo peor de todo es que, a pesar mio, me estaba empezando a excitar yo también.<br />
<br />
- Imagina que tú eres tu novia, y yo soy tú. Así te será más fácil - me susurró Ricardo.<br />
<br />
Así hice, cerré los ojos e intenté pensar cómo se comportaría Paula en una circunstancia así. Cogí su pene con cuidado, mientras seguíamos besándonos, y empecé a subir y bajar la mano lentamente. Ricardo suspiró de placer, y empecé a ir más deprisa. Al hacerlo Ricardo me besó aún más fuerte, metiendo su lengua hasta casi mi garganta.<br />
<br />
Creí que se iba a correr, pero no fue así. Se levantó y me puso de rodillas frente a él, de forma que su verga, enhiesta y totalmente dura estaba frente a mi boca.<br />
<br />
- Ahora es cuando empieza lo bueno - me dijo.<br />
<br />
Abrí la boca y empecé a chuparle aquel capullo rojo e hinchado, de la misma forma de la que a mi me gustaba que me lo hiciera Paula. Era extraño, al sentir su glande en mis labios me sentí como si fuera yo el que tenía el poder en aquellos momentos. Éso me excitó un montón, y empecé a meter y sacar su polla de mi boca, chupándola con deleite y dejando que mi saliva corriera bien por entre las comisuras de mis labios. Ricardo puso una mano sobre la cabeza y me marcaba el ritmo, pero no hacía falta que insistiera mucho, yo ya estaba embalado. El sabor ligeramente agridulce de su rabo era como una droga, y sin darme cuenta, empecé con una mano a masturbarme, sin parar en mi frenética mamada.<br />
<br />
De pronto sentí que Ricardo se iba a correr. No sé muy bien cómo lo supe, quizás por un ligero temblor en las piernas de mi compañero de celda, o que me hizo frenar un poco el ritmo y su pene se hinchó aún más. Pero de pronto, sentí en mi boca como descargaba su semen. Sin poder evitarlo, yo también me corrí sobre el suelo, y seguí chupando su polla, tragándome todo lo que salía de ella.<br />
<br />
No estuvimos mucho tiempo así, al final Ricardo se tumbó en su cama y yo me acurruqué a su lado, entre sus brazos.<br />
<br />
- Me parece que nos lo vamos a pasar muy bien tú y yo - me dijo acariciando descuidadamente mi pezón. Yo no dije nada, pero sabía que así sería...


Ultim actualizacion el Viernes, 16 Julio 2010 por admin
  
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Comentarios ( 3 ):

25 Jun 2011 emperador
estoy totalmete de acuerdo hasta a mi se me paro la verga, anonimo eres genial
13 Ago 2010 Calien-tito
Al igual que beyaco yo tambien me masturbo mientras leo. Cuanto me gstaria sentir en mi boca el sabor del pene de Ricardo y sentir los olores de su cuerpo varonil.
1 Ago 2010 beyaco
Por fin encontré un relato tan real que me pareció que yo estaba allí en la misma celda con ustedes... Me gustó y pienso seguir leyendo las otras partes.. si es que puedo aguantarme de no venirme antes pues me estoy masturbando mientras leo....Saludos!.
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