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Fecha: Jueves, 15 Julio 2010 « Anterior | Siguiente » en Gays

En la Cárcel (3)

Anonimo
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De cómo la cárcel te cambia tu percepción sobre el sexo masculino.
Ricardo, al que todos llamaban Pato, era en apariencia un hombre duro y rudo. Todos le respetaban en el patio de la cárcel. Sólo yo sabía lo tierno que era en nuestras noches de sexo. Es verdad que sólo era yo el que recibía, pero hasta aquel momento nunca se había mostrado violento conmigo.<br />
<br />
Cuando llegaba la noche y se apagaban las luces, me bajaba a su litera y comenzábamos con nuestra rutina. Nos desnudábamos y comenzábamos a besarnos. Después, le hacía una de las mamadas que le volvían loco, y todavía con el sabor de su semen en mi boca, se le ponía otra vez dura la verga, y yo le ofrecía mi agujero más estrecho. Más o menos así era cada noche, algunas veces me echaba hasta cuatro polvos, y algunas noches estaba cansado (sobre todo cuando se machacaba con las pesas en el gimnasio de la cárcel) y con una buena paja le bastaba. Cuando terminábamos, me quedaba un rato durmiendo con él, sintiéndome protegido entre sus brazos, pero antes de que llegara la mañana, me subía a mi litera. A Ricardo no le gustaban las "mariconadas", algo un poco extraño, ya que todos sabían en la cárcel que yo era suyo, su putita me llamaban, pero hacía como que no iba con él. Éso sí, nadie se atrevía a siquiera insultarme si él estaba presente, y yo intentaba no separarme de su lado en ningún momento.<br />
<br />
Habían pasado ya dos meses, y yo seguía entre rejas. Tenía esperanzas de salir pronto, pero también sabía que la policía me la tenía guardada por no delatar a mi tío, y que estaba retrasando todo lo posible mi salida. A Ricardo tampoco le quedaba mucho tiempo de estancia en la cárcel, y a veces echaba mucho de menos la vida en libertad. En ésos momentos me esforzaba más que nunca en nuestros escarceos nocturnos, para intentar aliviarle un poco la tristeza. Incluso me hice un tatuaje en la espalda, un ángel en honor a él, ya que a veces me decía "mi ángel". <br />
<br />
Un día vino muy triste a la celda. Sin decir nada se sentó en la litera y mirando al suelo vi cómo le caían lágrimas sin que dijera nada. Me arrodillé junto a él y le pedí que me dijera qué le pasaba.<br />
<br />
- Mi padre está enfermo. Dicen que el tratamiento no es gratuito, que vale por lo menos 1000 euros. Yo aquí no puedo enviarle nada, no tengo ni 100.<br />
<br />
Se me partió el corazón. Aquella noche no quiso hacer nada, y la pasó llorando. Yo lo escuchaba desde la litera de arriba y se me ocurrió una idea.<br />
<br />
Al día siguiente, mientras paseábamos por el patio, se la conté. Al principio su mirada me fulminó con ira, pero después se calmó y vi que pensaba en ello.<br />
<br />
Yo había visto como en la cárcel también existían los "prostitutos". La verdad es que los manejaba Juan "el chulo". Eran chicos jovencitos que por veinte euros te hacían un favor, ésto es, te la chupaban o se dejaban dar por el culo. De esos veinte euros, sabía yo que la mayoría se quedaba en los bolsillos de Juan, otra parte se iba para los guardias, en concepto de soborno (para que hicieran la vista gorda), y la menor parte se la quedaban ellos.<br />
<br />
Pues bien, AA¿no era yo la putita de Ricardo?. Si los demás cobraban veinte euros, yo podía hacer lo mismo cobrando la mitad. Solo que todo el dinero sería para Ricardo, para que pudiera pagar el tratamiento de su padre. Además, tampoco era para siempre, sólo hasta que recaudáramos los 1000 euros que le faltaban. A 10 euros la mamada, sólo tardaría una semana en recaudarlo, justo el tiempo que necesitaba Ricardo para darle el dinero a su familia.<br />
<br />
Al día siguiente empezamos. Ricardo me lo agradeció con lágrimas en los ojos. Él se quedaba cerca, por si hacía falta que me defendiera de alguno que se pusiera violento o no quisiera pagar, y yo hacía mi trabajo. <br />
<br />
Al principio me costó un poco. Hasta aquel momento sólo había tenido relaciones con Ricardo, y bueno, con mi novia antes de entrar en la cárcel. Pero en una semana me iba a comer más de cien pollas.<br />
<br />
La voz se corrió rápidamente, e incluso había momentos en que se formaban colas para estar conmigo. No es que estuviera mejor que los otros prostitutos, pero no estaba mal, y era carne fresca para algunos que ya estaban aburridos de las mismas bocas y los mismos culos. Al principio, sólo hacía mamadas. Éso sí, las hacía a conciencia. Había de todos, vergas enormes que apenas me cabían en la boca, y penes minúsculos. Algunos que tardaban una eternidad en correrse, y otros que en diez segundos ya habían descargado. Ésos eran los peores, ya que querían otra por el mismo precio. A algunos tuvo que pararles los pies Ricardo, ya que perdían el norte y se ponían violentos. Los peores eran aquellos que no sabían lo que era el jabón, apestaban y casi daba arcadas meterse aquello en la boca. Tengo que reconocer que otros eran una delicia, algún que otro chico espectacular, con vergas duras y firmes que me hacían excitarme sólo de verlas frente a mi.<br />
<br />
En una semana habíamos hecho casi los mil euros, y yo se la había chupado a casi toda la cárcel. Pero había un problema en el que no habíamos caído. A Juan "el chulo" no le hizo ninguna gracia nuestra competencia. Durante esa semana, sus chicos apenas trabajaron, y éso no le sentó nada bien. Además, los guardias llegaron un día y pidieron el 50% de lo recaudado. A Ricardo le respetaban en el trullo, pero contra los guardias no se podía luchar, así que tuvo que aflojar la pasta.<br />
<br />
Faltaban dos días para que se cumpliera el tiempo límite para que Ricardo pagara los mil euros del tratamiento de su padre y sólo teníamos setecientos. Nos faltaban 300, éso eran al menos treinta mamadas más, y Juan se había encargado de que no muchos clientes vinieran por nuestra celda: había rebajado sus tarifas a 5 euros para hacérnoslo imposible.<br />
<br />
Así estaban las cosas, sin que viéramos cómo solucionar el problema, cuando de pronto apareció Juan por la celda. Ricardo lo recibió con una mirada hosca, pero Juan venía risueño. Se había enterado de los problemas financieros de Ricardo y venía a proponerle un trato.<br />
<br />
Ricardo estaba a punto de echarlo cuando Juan sacó de su bolsillo 300 euros. <br />
<br />
- Aquí están. Son tuyos.<br />
<br />
- AA¿Qué quieres a cambio? - preguntó Ricardo.<br />
<br />
- Oh, nada, lo mismo que estábais haciendo esta semana, pero una semana más.<br />
<br />
- AA¿A qué te refieres? - pregunté. Pero era inútil, Juan no hablaba con putitas, se dirigía únicamente a Ricardo.<br />
<br />
- Simplemente déjame a tu amiguito una semana, para que yo lo gestione, y aquí tienes el dinero. - sonreía el chulo.<br />
<br />
Ricardo me miró. No se atrevía a decir que sí, pero necesitaba el dinero. Yo asentí y él bajó la mirada.<br />
<br />
- Está bien. He hecho un trato con los guardias. Esta misma noche, y hasta la semana que viene, vendrá contigo uno de mis chicos, y el tuyo vendrá conmigo. Así que - dijo mientras me miraba - ve recogiendo.<br />
<br />
Juan se fue, y yo empecé a recoger mis cosas. Me fui de la celda y Ricardo no levantó la mirada.<br />
<br />
Entré en la celda de Juan. Me sentía asustado. Él sonreía, esperando a que apagaran las luces. En cuanto lo hicieron se acercó a mi y sin mediar palabra me dió un puñetazo en el estómago que me dobló de dolor.<br />
<br />
- Ahora tu chulo soy yo, y tengo que domarte. Me has jodido esta semana, y ahora te voy a joder yo a ti. - me dijo.<br />
<br />
Me pegó una patada en las costillas que casi me quita el conocimiento, y después me arrastró hasta la litera, me bajó los pantalones de un tirón, y abriéndose la bragueta sacó su verga, ya dura, y sin ningún preámbulo me la metió entera. Yo casi grito de dolor. Empezó sus embestidas con una brutalidad que me hacía ver las estrellas, mientras empujaba mi cara hacia el colchón, sin casi dejarme respirar. Después la sacó y cogiéndome del pelo me acercó la polla a la boca. Abrí la boca, pero antes de metérmela me pegó dos bofetadas que me hicieron sangrar por la nariz. Entonces sí, me metió la verga hasta la garganta, y empezó a bombear, con su mano agarrándome del pelo, mientras que yo a duras penas podía respirar.<br />
<br />
Finalmente la sacó, corriéndose en mi cara, a la vez que me escupía. Me tiró al suelo y me dió otro par de patadas, una de ellas en los testículos. <br />
<br />
- Así van a ser las cosas esta semana. Y si le dices algo a Ricardo de ésto, te aseguro que hablaré con los guardias para que le confisquen todo el dinero. - me dijo. <br />
<br />
Asentí asustado y como pude me arrastré a un rincón y traté de dormir. La semana apenas había comenzado.


Ultim actualizacion el Viernes, 16 Julio 2010 por admin
  
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Comentarios ( 3 ):

13 Ago 2010 calien-tito
Yo no solo mamaria mas de 100 vergas, mamaria mas de mil por amor (a la verga). Y sobre todo me puso arrecho eso de las vergas de los que no conocen el jabon. Los olores y sabores de un macho que ande cochino me excitan demasiado.
En cambio las patadas y bofetadas y todo aquello me enfrian totalmente.
1 Ago 2010 beyaco
Yo sabia que algo malo a la larga te tenia que pasar, lo de mamarle la verga a más de 100 hombres está super bueno hasta yo me apunto para hacerlo, pero tenia que aparecer el abusador de Juan a joder la cosa, con lo bien que estabas con Ricardo...Saludos!
18 Jul 2010 Anonimo
no ps ese si es amor berdadero... yo aria lo mismo...
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